Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Enganchados al amor: la adicción afectiva

In Adicción on 30 septiembre, 2013 at 13:53

Parece más fácil entender la adicción al juego o a internet que la adicción afectiva y, sin embargo, es la razón de muchas consultas psicológicas. El adicto al amor es dependiente del afecto que recibe aunque, por su adicción, nunca tiene suficiente. En consecuencia, su pareja no puede llegar a compartir una verdadera relación ya que los conflictos, los reproches, las pruebas de amor… son constantes. Finalmente, le abandonan (su peor miedo hecho realidad como una profecía de autocumplimiento) pero por puro agotamiento emocional de su pareja.

Tal como explica Helen Fisher en la química del amor, al enamorarnos, primero sentimos lujuria (puro deseo físico) donde actúan los estrógenos y los andrógenos (hormonas sexuales que compartimos ambos sexos aunque en diferentes niveles). Sin embargo, en una segunda fase, el enamoramiento, provoca que tu cuerpo produzca norepinefrina (un precursor de la adrenalina). A la adrenalina se la conoce como la hormona de la recompensa porque genera una sensación de placer muy similar a la que se produce con la cocaína o la nicotina.

Si todo va bien, en una tercera fase, se deja de liberar dopamina para empezar a liberar oxitocina, esa hormona que nos ofrece bienestar y apego y que refuerza los vínculos. La que nos relaja y nos hace sentir cariñosos, sobre todo tras el orgasmo. La oxitocina es la hormona del amor ñoño (como lo define Pere Estupinyà en su libro “la ciencia del sexo”) pero no la del enamoramiento.

Las personas adictas al amor, no avanzan hacia esta fase hormonal del apego, sino que siguen produciendo grandes cantidades de dopamina ante cualquier estímulo que les recuerde a la persona sobre la que han consignado su obsesión. La ausencia de la persona “amada” eleva la ansiedad y los niveles de estrés (ya que la recompensa esperada se está demorando).

Desear algo con todas tus fuerzas te motiva a luchar para conseguirlo, pero cuando piensas que no puedes ser feliz, o ser tú mismo, o seguir viviendo, sin aquello que deseas, entonces es adicción, si hay síndrome de abstinencia, entonces, es adicción. El deseo (de sentirse querido, admirado, reforzado, seguro, protegido, acompañado, reconocido) por la pareja no significa que sea verdadero amor. Si nunca te preparas o aceptas el abandono (aunque sea temporal) entonces es el miedo el que habla (no el amor).

M. F.

Hombres y mujeres, ¿podemos ser amigos?

In Atracción on 24 agosto, 2013 at 12:15

¿Harry tenía razón cuando le dijo a Sally que un hombre no podía ser “solo amigo” de una mujer?

Ningún hombre puede ser realmente amigo de una mujer que le resulta atractiva. Siempre quiere tener relaciones con ella. — Entonces un hombre puede ser amigo de una mujer que no le resulta atractiva. — No. También quiere acostarse con ella.

(Extracto de la película “Cuando Harry encontró a Sally”)

Hombres y mujeres conviven día a día en multitud de contextos: trabajo, ocio, familia, amigos, estudios… En consecuencia, ¿un hombre y una mujer pueden ser “solo” amigos?, técnicamente sí, prácticamente, no. La posibilidad de compartir con un amigo del otro sexo nuestra intimidad (mostrarnos tal cual somos) puede llevarnos a erotizarle, es decir, a percibirle como alguien deseable.

Es evidente que sabemos relacionarnos con personas del sexo opuesto y que no existen barreras para compartir ideas, sentimientos, valores, actividades… pero ¿la sociedad nos enseña a ser amigos de alguien del otro sexo?. Definir los límites, trazar espacios privados, adaptarse a los intereses del otro (por ejemplo, un día de compras y otro al concierto de Metálica), aprender a negociar, ayudar al otro a superar las dificultades… ¿Eso es amistad o es romanticismo?. Parece que son dos conceptos que se solapan en muchos aspectos.

Este dilema fue analizado por un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin-Eau Claire. Se reunieron a 88 parejas de amigos, estudiantes universitarios y se les hizo una serie de preguntas sobre los sentimientos románticos que pudieran, o no, haber tenido hacia el amigo con el que acudieron al laboratorio.

Los resultados sugieren que hombres y mujeres viven la amistad entre sexos de manera muy diferente. De entrada, los hombres se sentían mucho más atraídos por sus amigas que ellas por ellos. Además, si un hombre tenía sentimientos románticos hacia su amiga, creía, erróneamente, que ella le correspondía. Si una mujer no sentía nada por su amigo creía, erróneamente, que la falta de atracción era mutua. Así, los hombres sobrestimaron el interés romántico que despertaban en sus amigas y las mujeres infraestimaron la falta de interés romántico que sentían sus amigos por ellas.

En otro estudio, pidieron a un grupo de 249 adultos (muchos de los cuales estaban casados) que hicieran una lista de los aspectos positivos y negativos de tener un amigo del sexo opuesto. Encontraron que las variables relacionadas con la atracción romántica (por ejemplo, que se pudiera pasar de ser amigos a ser pareja) se evaluaban como aspectos negativos de la amistad. Aunque de nuevo, era más negativo para las mujeres que para los hombres, y como más jóvenes o más mayores fueran los hombres, más beneficioso creían que era que la relación amistosa se transformara en una relación romántica.

M. F.

Eros y Psique y la crisis de pareja

In Conflictos de pareja on 11 junio, 2013 at 9:03

Existe un mito latino que celebra el matrimonio entre el corazón y la razón; se trata del mito de Eros y Psique, el Dios del amor y la hija pequeña de un rey, tan hermosa que los habitantes de su país dejaron de adorar a su diosa, Afrodita, para venera a un simple mortal.

Afrodita, ofendida, encargó a Eros que hiciera infeliz a Psique logrando que ella se enamorara del hombre más horrible y ruin que encontrara. Pero cuando Eros vio la belleza de Psique se aturdió y la flecha que tenía preparada para ella se cayó, se le clavó en un pie y se enamoró perdidamente de la joven.

Después de muchas aventuras y desventuras Psique acabó siendo la esposa inmortal del dios del amor y la hija que ambos tuvieron se llamó Hedoné (placer).

En los conflictos de pareja, a menudo nos encontramos con que la emoción y la razón, el sentimiento y el pensamiento, no van de la mano. Decimos: “te quiero pero no me convienes” o “no eres tú, soy yo, que estoy confundido”. Por un lado el amor, por el otro la razón y entre ambos, el conflicto.

La crisis en una relación de pareja tiene la función de generar una dinámica nueva para producir cambios. Aparece para trasformar el enamoramiento en estima, la independencia en compromiso, la estabilidad en ruptura. Existen una serie de fases en cualquiera de estas crisis que suelen corresponderse con las de un duelo psicológico: negación, rabia, negociación, dolor emocional y aceptación.

En un primer momento, nos negamos a creer que nuestros trucos de siempre ya no sirvan (el chantaje emocional, la presión, la distancia emocional, los gritos, la racionalización). Justo después nos enfadamos con nuestra pareja convirtiéndola en la única culpable de la situación, destacando sus aspectos más negativos y planteando la ruptura como una, o como la mejor, posibilidad.

La rabia acaba dejando lugar a la tristeza, iniciando un periodo de negociación o pacto “si no me dejas, te prometo que me esforzaré más”. El otro, utiliza su razón: “no se trata de ti, es la relación la que no funciona”. El dolor emocional que surge al darse cuenta de que no tenemos nada interesante que ofrecer es devastador. Pero al final, acabamos aceptando que el cambio es inevitable y, en ese momento, podemos avanzar hacia un nuevo modelo de vida (con la pareja o solos).

En terapia de pareja, observamos que algunas personas optan por una descripción del conflicto puramente emocional o bien por una explicación puramente racional. Nuestro trabajo se basa, como en el mito de Eros y Psique, en conseguir que ambos estados confluyan para encontrar la mejor solución durante y después de la crisis. Afirmaciones como “no puedo controlar lo que mi pareja siente pero puedo elegir con qué actitud me enfrento a la crisis” concilian emoción con pensamiento, sentimiento con razón.

M. F.