Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Mentiras, mentiras, mentiras…

In Comunicación on 6 febrero, 2012 at 10:40
    La verdad es que mentimos. Las mujeres algo menos que los hombres, a la pareja algo menos que a nuestros padres. Mentimos por piedad, para realzar nuestras cualidades, para evitar situaciones desagradables, para mantener las relaciones que nos importan y para preservar nuestra seguridad.

    El mundo animal también miente. Lloran los cocodrilos para atraer a sus presas (y porque fuera del agua necesitan mantener la humedad constante en los ojos), los reptiles hinchan sus membranas para parecer más grandes y peligrosos y los monos ocultan sus intenciones a otros miembros de su grupo.

    Mentimos cara a cara, por teléfono, por el chat y en los mails. Mentimos más a mayor anonimato. Mentimos más con las palabras que con los gestos. Mentimos más al hablar que al escribir (mejor si no quedan pruebas de nuestras mentiras). Mienten los niños, a partir de los 3 años, nos mienten los amigos, los políticos, los jefes y en casa.

    Sin embargo, la característica más deseada en otro ser humano, es la honestidad, da igual en que cultura preguntes. Así, ¿por qué nos duele tanto que nos mientan?. Porque el ser humano necesita de los otros para sobrevivir y para ello debemos confiar en los demás. Somos muy vulnerables ante la traición y el engaño porque, sin el apoyo del grupo, somos víctimas fáciles de todo tipo de amenazas.

    Pero de todas las mentiras, la que tiene peores consecuencias es el autoengaño. No es casual, no ocurre sin una beneficiosa razón, pero cuando nos engañamos a nosotros mismos, tenemos al enemigo en casa. Una elevada ansiedad conlleva reducir nuestra conciencia, y de esta manera restablecemos el equilibrio cognitivo, modificando nuestras creencias. Y a base de repetir la mentira, acabamos pensando que es verdad. Aunque en el fondo, sentimos angustia y culpa y malestar, porque nuestra vida no es como queremos, es como las mentiras nos hacen vivir.

    M. F.

  1. Interesante reflexión. Imagino que habrás tenido que atender a muchas personas que se quejan de las mentiras ajenas. Una frecuente en mi consulta es la pregunta sobre: “¿por qué mi hijo me miente cuando le pregunto?”. Yo les suelo poner ejemplos del tipo: “¿Cómo cree usted que respondería un señor cuando su esposa le pregunta si le es infiel?”

    No conozco muchos casos de autoengaño consciente, como dices, la ansiedad, la necesidad y otros requerimientos sociales, le dan a ese tipo de creencias un papel de adaptabilidad, una trampa rígida, seguramente.

    Un beso.

    • Hola Walden,
      curiosamente, este post surgió a partir del taller de seducción. Empecé a “investigar” sobre el tema y me encontré mucha información sobre la comunicación no verbal y poca sobre los mecanismos psicológicos de las mentiras. Así que decidí escribir mi propia versión.
      El autoengaño surge de mis experiencias en la consulta, sobretodo del trabajo de coaching. A veces conocemos al autoengaño como “al boicoteador que llevamos dentro”. Lo reconozco, boicoteador suena más interesante…

      Gracias por tus palabras
      Nos vemos pronto

      Melània

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