Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Los elogios también están en crisis

In Autoestima on 30 julio, 2012 at 8:40

Los elogios, pequeños comprimidos de bienestar, andan algo escasos. En la educación de nuestros pequeños, destacar sus logros les hace sentirse valiosos, pero no sólo a ellos, los mayores también queremos que nos elogien (aunque luego no sepamos cómo responder –es suficiente con un gracias y una sonrisa). De la poesía del enamorado mudamos hacia el descuido de los detalles, incluso de aquellos tan baratos (no nos olvidemos de la crisis) como son las alabanzas. Y si tras consultar con una psicóloga, cual sería la mejor manera de conseguir que tu pareja vuelva a adularte, ella te aconseja que se lo pidas explícitamente, “recuérdame lo que más te gusta de mi” te arriesgas a que te respondan “!todo, pero si ya lo sabes!”.

Volviendo a nuestros pequeños, los padres, a veces, estamos tan ocupados criando, educando y corrigiendo las conductas de nuestros hijos que nos olvidamos de compensar la balanza con un halago genuino, ¡a ver si demasiados elogios le van a convertir en un malcriado egocéntrico!. Esto podría ser cierto si el elogio fuese indiscriminado o poco sincero, sin embargo, existe una clara correlación entre el reconocimiento de los logros por parte de los padres y una elevada autoestima en los hijos.

Otra razón por la que escasean los cumplidos, es la costumbre de algunas personas, de halagar fuera de casa. Se encuentran con un amigo, por ejemplo, y les falta tiempo para presumir de las brillantes notas de sus hijos o de las maravillas culinarias de su mujer. Luego, vuelven al hogar y hacen de la queja un arte. Su “cariño” llega tan lejos que, incluso sufren cuando consigues un gran éxito, fruncen los labios y sueltan un “esta vez has tenido suerte, ahora toca esforzarse para mantenerlo”, o “seguro que tan bueno no puede ser”.

Son personas que ponen el foco en lo negativo (de los demás), atentos a todo lo que pueda salir mal (de los otros), hipersensibles a las equivocaciones (de todos menos de ellos). Y, encima, ¡les disculpamos!, “ya sabes cómo es”, “si se mete tanto contigo es porque te quiere y se preocupa por ti”, “no tiene mala intención”…

Y, por último, sólo queda desenmascarar a los que tienen la habilidad de hilvanar elogios destructivos. Son aquellos que te exigen en forma de halago “me encanta cuando sacas las mejores notas de la clase” o “he invitado a toda mi familia a cenar porque eres una anfitriona estupenda”.  O los que te alaban en tu contra: “menos mal que tú nunca te pondrías ese vestido tan corto” o “eres muy divertida, dices tonterías para que los demás se rían de ti”.

Los elogios tienen un efecto poderoso en quien los recibe. Siempre se puede encontrar una cualidad digna de halago, ya sea el esfuerzo, la tenacidad o el entusiasmo. A veces, no se aprecia con facilidad, pero con un poco de práctica, podemos llegar a descubrir maravillosos matices en todos aquellos que nos rodean.

M. F.

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