Figueras Bofill Pi Psicòlogues

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Enganchados al amor: la adicción afectiva

In Adicción on 30 septiembre, 2013 at 13:53

Parece más fácil entender la adicción al juego o a internet que la adicción afectiva y, sin embargo, es la razón de muchas consultas psicológicas. El adicto al amor es dependiente del afecto que recibe aunque, por su adicción, nunca tiene suficiente. En consecuencia, su pareja no puede llegar a compartir una verdadera relación ya que los conflictos, los reproches, las pruebas de amor… son constantes. Finalmente, le abandonan (su peor miedo hecho realidad como una profecía de autocumplimiento) pero por puro agotamiento emocional de su pareja.

Tal como explica Helen Fisher en la química del amor, al enamorarnos, primero sentimos lujuria (puro deseo físico) donde actúan los estrógenos y los andrógenos (hormonas sexuales que compartimos ambos sexos aunque en diferentes niveles). Sin embargo, en una segunda fase, el enamoramiento, provoca que tu cuerpo produzca norepinefrina (un precursor de la adrenalina). A la adrenalina se la conoce como la hormona de la recompensa porque genera una sensación de placer muy similar a la que se produce con la cocaína o la nicotina.

Si todo va bien, en una tercera fase, se deja de liberar dopamina para empezar a liberar oxitocina, esa hormona que nos ofrece bienestar y apego y que refuerza los vínculos. La que nos relaja y nos hace sentir cariñosos, sobre todo tras el orgasmo. La oxitocina es la hormona del amor ñoño (como lo define Pere Estupinyà en su libro “la ciencia del sexo”) pero no la del enamoramiento.

Las personas adictas al amor, no avanzan hacia esta fase hormonal del apego, sino que siguen produciendo grandes cantidades de dopamina ante cualquier estímulo que les recuerde a la persona sobre la que han consignado su obsesión. La ausencia de la persona “amada” eleva la ansiedad y los niveles de estrés (ya que la recompensa esperada se está demorando).

Desear algo con todas tus fuerzas te motiva a luchar para conseguirlo, pero cuando piensas que no puedes ser feliz, o ser tú mismo, o seguir viviendo, sin aquello que deseas, entonces es adicción, si hay síndrome de abstinencia, entonces, es adicción. El deseo (de sentirse querido, admirado, reforzado, seguro, protegido, acompañado, reconocido) por la pareja no significa que sea verdadero amor. Si nunca te preparas o aceptas el abandono (aunque sea temporal) entonces es el miedo el que habla (no el amor).

M. F.

Hombres y mujeres, ¿podemos ser amigos?

In Atracción on 24 agosto, 2013 at 12:15

¿Harry tenía razón cuando le dijo a Sally que un hombre no podía ser “solo amigo” de una mujer?

Ningún hombre puede ser realmente amigo de una mujer que le resulta atractiva. Siempre quiere tener relaciones con ella. — Entonces un hombre puede ser amigo de una mujer que no le resulta atractiva. — No. También quiere acostarse con ella.

(Extracto de la película “Cuando Harry encontró a Sally”)

Hombres y mujeres conviven día a día en multitud de contextos: trabajo, ocio, familia, amigos, estudios… En consecuencia, ¿un hombre y una mujer pueden ser “solo” amigos?, técnicamente sí, prácticamente, no. La posibilidad de compartir con un amigo del otro sexo nuestra intimidad (mostrarnos tal cual somos) puede llevarnos a erotizarle, es decir, a percibirle como alguien deseable.

Es evidente que sabemos relacionarnos con personas del sexo opuesto y que no existen barreras para compartir ideas, sentimientos, valores, actividades… pero ¿la sociedad nos enseña a ser amigos de alguien del otro sexo?. Definir los límites, trazar espacios privados, adaptarse a los intereses del otro (por ejemplo, un día de compras y otro al concierto de Metálica), aprender a negociar, ayudar al otro a superar las dificultades… ¿Eso es amistad o es romanticismo?. Parece que son dos conceptos que se solapan en muchos aspectos.

Este dilema fue analizado por un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin-Eau Claire. Se reunieron a 88 parejas de amigos, estudiantes universitarios y se les hizo una serie de preguntas sobre los sentimientos románticos que pudieran, o no, haber tenido hacia el amigo con el que acudieron al laboratorio.

Los resultados sugieren que hombres y mujeres viven la amistad entre sexos de manera muy diferente. De entrada, los hombres se sentían mucho más atraídos por sus amigas que ellas por ellos. Además, si un hombre tenía sentimientos románticos hacia su amiga, creía, erróneamente, que ella le correspondía. Si una mujer no sentía nada por su amigo creía, erróneamente, que la falta de atracción era mutua. Así, los hombres sobrestimaron el interés romántico que despertaban en sus amigas y las mujeres infraestimaron la falta de interés romántico que sentían sus amigos por ellas.

En otro estudio, pidieron a un grupo de 249 adultos (muchos de los cuales estaban casados) que hicieran una lista de los aspectos positivos y negativos de tener un amigo del sexo opuesto. Encontraron que las variables relacionadas con la atracción romántica (por ejemplo, que se pudiera pasar de ser amigos a ser pareja) se evaluaban como aspectos negativos de la amistad. Aunque de nuevo, era más negativo para las mujeres que para los hombres, y como más jóvenes o más mayores fueran los hombres, más beneficioso creían que era que la relación amistosa se transformara en una relación romántica.

M. F.

Eros y Psique y la crisis de pareja

In Conflictos de pareja on 11 junio, 2013 at 9:03

Existe un mito latino que celebra el matrimonio entre el corazón y la razón; se trata del mito de Eros y Psique, el Dios del amor y la hija pequeña de un rey, tan hermosa que los habitantes de su país dejaron de adorar a su diosa, Afrodita, para venera a un simple mortal.

Afrodita, ofendida, encargó a Eros que hiciera infeliz a Psique logrando que ella se enamorara del hombre más horrible y ruin que encontrara. Pero cuando Eros vio la belleza de Psique se aturdió y la flecha que tenía preparada para ella se cayó, se le clavó en un pie y se enamoró perdidamente de la joven.

Después de muchas aventuras y desventuras Psique acabó siendo la esposa inmortal del dios del amor y la hija que ambos tuvieron se llamó Hedoné (placer).

En los conflictos de pareja, a menudo nos encontramos con que la emoción y la razón, el sentimiento y el pensamiento, no van de la mano. Decimos: “te quiero pero no me convienes” o “no eres tú, soy yo, que estoy confundido”. Por un lado el amor, por el otro la razón y entre ambos, el conflicto.

La crisis en una relación de pareja tiene la función de generar una dinámica nueva para producir cambios. Aparece para trasformar el enamoramiento en estima, la independencia en compromiso, la estabilidad en ruptura. Existen una serie de fases en cualquiera de estas crisis que suelen corresponderse con las de un duelo psicológico: negación, rabia, negociación, dolor emocional y aceptación.

En un primer momento, nos negamos a creer que nuestros trucos de siempre ya no sirvan (el chantaje emocional, la presión, la distancia emocional, los gritos, la racionalización). Justo después nos enfadamos con nuestra pareja convirtiéndola en la única culpable de la situación, destacando sus aspectos más negativos y planteando la ruptura como una, o como la mejor, posibilidad.

La rabia acaba dejando lugar a la tristeza, iniciando un periodo de negociación o pacto “si no me dejas, te prometo que me esforzaré más”. El otro, utiliza su razón: “no se trata de ti, es la relación la que no funciona”. El dolor emocional que surge al darse cuenta de que no tenemos nada interesante que ofrecer es devastador. Pero al final, acabamos aceptando que el cambio es inevitable y, en ese momento, podemos avanzar hacia un nuevo modelo de vida (con la pareja o solos).

En terapia de pareja, observamos que algunas personas optan por una descripción del conflicto puramente emocional o bien por una explicación puramente racional. Nuestro trabajo se basa, como en el mito de Eros y Psique, en conseguir que ambos estados confluyan para encontrar la mejor solución durante y después de la crisis. Afirmaciones como “no puedo controlar lo que mi pareja siente pero puedo elegir con qué actitud me enfrento a la crisis” concilian emoción con pensamiento, sentimiento con razón.

M. F.

Heramientas personales para afrontar las crisis

In Optimismo on 21 mayo, 2013 at 11:05

Las personas nos relacionamos con el mundo según nos predisponen nuestras categorías lingüísticas. Os lo explico con un ejemplo. J. F. Kennedy, en 1959, dijo por primera vez que la palabra “crisis” en chino está compuesta de dos caracteres, uno que significa peligro y el otro que significa oportunidad. Parece que eso es falso. El primer carácter chino (mandarín) significa “peligro” pero el segundo tiene tres posibles significados: “máquina”, “mesa” y “momento”. En este último sentido, el ideograma chino “crisis” se traduciría por “momento de peligro”.

Lo interesante es que la palabra occidental “crisis” significa algo que se rompe, como un punto de inflexión. Es una palabra latina adoptada del verbo griego (krisis) procedente, a su vez, del verbo (krinein) que significa “separar” o “decidir”. Así, una de las acepciones griegas del término es la de “elección” o “juicio”, como un cruce de caminos. Por tanto, nuestra definición de crisis está más abierta a una interpretación positiva que la definición china y, sin embargo, la conceptualizamos culturalmente como una situación grave que provocará un colapso absoluto.

Aimée Mullins, una mujer que nació sin piernas y que ha sido oro paralímpico, modelo, actriz y empleada del Pentágono, es un ejemplo extraordinario de superación personal. Ella analiza la conceptualización de la palabra “adversidad” y elimina su connotación negativa afirmando “La adversidad es solo un cambio al que todavía no nos hemos adaptado”.

En este sentido, para mi, la crisis, cualquier crisis, económica, de pareja, existencial, de valores, medioambiental, es “solo un cambio al que todavía no nos hemos adaptado”. Adaptarse significa acomodarse a las condiciones del entorno. Según mi opinión, para acomodarse necesitamos sentir que podemos minimizar las amenazas, que tenemos parte del control en lo que nos ocurre. Cuando los cambios externos son muy intensos, el uso de las habilidades personales para gestionar esos cambios nos convierten en personas extraordinarias.

Afortunadamente la biología nos dotó de herramientas personales para gestionar los cambios de nuestro entorno. Generar vínculos positivos con los otros, confiar en nuestra capacidad para seguir adelante, aprender a fracasar, potenciar la creatividad y el optimismo, dar valor a las pequeñas cosas, motivarnos internamente, darle un sentido a la vida, ayudar a los demás y aprender a no dejarnos llevar por nuestras emociones negativas, son cualidades humanas a nuestro alcance para lidiar con los momentos de crisis.

En toda crisis existe la posibilidad de tomar la decisión que te llevará a vivir una vida plena (según la concepción occidental). Quien sabe, quizá a partir de ahora, los chinos utilicen nuestra definición de crisis en sus discursos motivacionales.

M. F.

5 razones para ser optimista

In Optimismo on 14 mayo, 2013 at 14:01

La psicóloga Suzanne Segerstrom ha encontrado que cada vez que el optimismo de una persona aumenta en un punto (en una escala de cinco puntos), la respuesta de su sistema inmunitario mejora en un 20%. Yo voy a daros 5 claves para ser más optimista.

Espíritu joven

Uno de los momentos más difíciles en la vida es cuando tienes veintipocos y  todo por hacer. No tienes empleo, ni confianza en ti mismo, no sabes cuál es tu talento, puede que no tengas pareja estable, y ni siquiera sabes si tendrás que dejar todo lo que conoces para ir a trabajar fuera. Pero eres optimista. Puedes verte a ti mismo en un futuro próximo logrando todo lo que anhelas. Con esfuerzo, asumiendo que el camino será duro, recibiendo el ánimo de los demás. ¿A qué edad nos deshacemos de la ilusión para afrontar el futuro con optimismo?

Todo cambia en un instante

Hay un antes y un después, un punto de inflexión, un comentario, un gesto, una convicción, que transforma nuestra vida y nos impide seguir creyendo en lo que para nosotros eran verdaderas certezas hasta ese momento. Estoy embarazada… me han despedido… ya no te quiero…. tienes cáncer… Construimos una ilusión, reducimos la incertidumbre diseñando un modelo de vida donde la estabilidad es máxima y los riesgos son mínimos. Y en un minuto, desaparece. Ser optimistas nos permite creer que el próximo instante de cambio nos acercará a nuestros objetivos. No sabemos cuando ocurrirá, deseamos que sea más pronto que tarde, pero estamos preparados para que llegue.

Nadie va a responsabilizarse de nuestra vida

Si esperamos que por inercia vengan tiempos mejores, perderemos la oportunidad de tomar el control de nuestra propia vida. Estamos convencidos de que tendremos tiempo más adelante para vivir de otra manera: cuando me jubile, cuando los hijos se vayan de casa, cuando me asciendan, cuando mejore mi estado de ánimo… Y cuando el minuto de cambio llega, aún nos esforzamos para mantener nuestro modelo tan inalterable como sea posible para fingir que los cambios no han ocurrido. El optimista llora sus pérdidas, acepta el cambio y se dispone de nuevo a ser el protagonista de su propia vida.

Las pequeñas cosas cuentan

Por cada hora que dedicamos a preocuparnos por un error, una mala decisión, un resultado inesperado, no le dedicamos ni siquiera un minuto a disfrutar de todo lo bueno que nos ha ocurrido hoy. Me apropio de algunos ejemplos de Neil Pasricha: andar más rápido que un coche cuando hay tráfico, secarte las manos en los pantalones, abrir y aspirar el olor de un bote de pelotas de tenis, encontrar dinero en el bolsillo de una chaqueta que colgaste en el armario el invierno anterior, coger una q al mismo tiempo que una u en el Scrabble…

Encontrar un nuevo nivel de aceptación

Reconstruir tu vida es el proyecto mas creativo, más estimulante, más terrorífico y más satisfactorio que uno pueda hacer. Dura toda una vida, porque una vez que lo has conseguido, te acompaña para siempre, en todas las decisiones que tomas, en todas las conversaciones que tienes, en todas los momentos buenos y malos, que vives a partir de ahí.

M. F.

¿Las parejas felices existen?

In Felicidad on 24 abril, 2013 at 16:13

Sería maravilloso querer a nuestra pareja sin que hicieran falta los detalles románticos o afectivos, por ejemplo, cuando nos regala un libro que nos va a gustar o cuando nos compra chocolate por San Valentín. Sin embargo, esas pequeñas expresiones de amor hacen que una pareja sea feliz.

No substituyen a la confianza, la atracción física o la sinceridad, características imprescindibles para que una pareja pueda construir una relación fuerte, pero no le restemos valor al chocolate, a las flores o a esas joyas que rememoran un acontecimiento feliz. Y para ellos, un juguete tecnológico último modelo, una cerveza fría mientras su equipo gana un partido importante y algo picante e íntimo para después del partido.

Las parejas felices se esfuerzan cada día para sorprender y estar a la altura de las expectativas del otro y lo hacen practicando con frecuencia las siguientes seis prescripciones:

1) Hablar, hablar y jugar

No es lo mismo compaginar dos agendas que saber qué piensa y siente el otro sobre la vida, el futuro, sus miedos… Se necesita un espacio libre de obligaciones y responsabilidades, con tiempo por delante para relajarse. Un espacio en el que no haga falta tomar decisiones, únicamente divertirse con la pareja. Una solución para las parejas reticentes sería encontrar un día a la semana para sentarse a jugar a un juego de mesa. De esta forma la pareja se divierte mientras se centran exclusivamente el uno en el otro.

2) Dedicarle un tiempo solo para adultos a la pareja

Salir una noche para ir al cine o al teatro, ponerse elegante y anticipar la emoción de pasar un buen rato juntos es imprescindible para las parejas con hijos. Enviarse mensajes durante el día con frases que alimenten la imaginación de lo que ocurrirá al llegar la noche. Hacer una foto de un momento especial donde tu pareja no está y enviárselo al móvil con un comentario que acabe con un “te echo de menos”. Estos son algunos ejemplos para romper con la rutina.

3) Si tenéis que discutir, hacedlo bien

Las peleas en una pareja no son malas, al contrario, sirven para ajustar las dos individualidades en un proyecto común. Eso sí, han de ser útiles para resolver conflictos, no para incrementarlos. Existen unas reglas básicas para una buena pelea. Escuchar el punto de vista del otro, expresar malestar por una conducta desafortunada no por la manera de ser del otro, ceder siempre aunque sea un poco y finalmente, discutir sin público.

4) No solo sexo

Sin duda, el sexo te conecta con tu pareja y fortalece la relación. Es un elemento que favorece una profunda comunicación emocional entre dos personas. Pero el sexo no es el único ingrediente para fomentar la intimidad. Las caricias, los besos, los abrazos, los masajes, las miradas de complicidad son importantes para subrayar el afecto compartido. Sentirse querido produce mayor bienestar que tener una relación sexual.

5) Dar las gracias

Demasiadas veces damos por hecho que como nuestra pareja nos quiere, todo lo que hace por amor lo hace sin que le suponga un esfuerzo. Así que nos olvidamos de darle las gracias. Remediemos eso agradeciendo los pequeños detalles que tiene con nosotros. Si nos cuesta decírselo directamente, le podemos dejar una nota en la almohada o frente a su ordenador. O enviarle un mensaje de agradecimiento por lo buena que estaba la cena anoche

6) Convertir la relación en un tema de conversación

Hablar sobre la propia relación permite conocer mejor las necesidades y los deseos de la persona a la que quieres. Saber cuáles son sus expectativas te permite introducir pequeñas dosis de realidad sin generar excesivos conflictos. Compartir la angustia por la llegada de un nuevo miembro en la familia, o la incertidumbre por si le despedirán en el trabajo, incrementa el sentimiento de apoyo en la pareja.

Las parejas felices existen y vosotros también podéis serlo. Solo se necesita un poco de esfuerzo conjunto para salir de la rutina, de la pasividad y pasar a la acción. Es un viaje muy personal porque seréis vosotros los que encontréis el coraje, la fuerza y la energía que os motive a cambiar todo aquello que no os gusta de vuestra relación.

M. F.

Ciclo de conferencias: el arte de seducir

In Actividades para mujeres en Barcelona on 17 abril, 2013 at 21:41

Iniciamos un ciclo de conferencias para compartir con vosotros técnicas, herramientas y ejercicios efectivos para superar las dificultades. Hablaremos de la comunicación seductora, de las habilidades personales para afrontar la crisis, de las maneras de tener éxito en los retos cotidianos, de la invisibilidad de las mujeres de más de cincuenta… Vamos a responder a una pregunta muy básica ¿cómo puedo desvelar la mejor versión de mi mismo?. Nos encontrarás:

Viernes 19 de abril, a las 19:30, en Montse Dietética, C/Tissó 29 (Vía Julia)

Conferencia: El arte de seducir con la palabra y el gesto

Ponente: Melània Figueras, Doctora en psicología de la comunicación

Jueves 2 de mayo, a las 19:30, en C/Torrent d’en Vidalet 22 (Gracia)

Conferencia: L’art de seduir I  

Ponente: Melània Figueras, Doctora en psicología de la comunicación

Jueves 9 de mayo, a las 19:30, en C/Torrent d’en Vidalet 22 (Gracia)

Conferencia: L’art de seduir II

Ponente: Melània Figueras, Doctora en psicología de la comunicación

Jueves 16 de mayo, a las 19:30, en C/Torrent d’en Vidalet 22 (Gracia)

Conferencia: Sorprèn als altres amb el teu èxit 

Ponentes: Encarna Expósito, Psicóloga especialista en Terapia Breve y Focal y

Fina Ferrer, Psicóloga especialista en clínica y salud

Jueves 23 de mayo, a las 19:30, en C/Torrent d’en Vidalet 22 (Gracia)

Conferencia: Eines personals per vèncer la crisi

Ponente: Melània Figueras, Doctora en psicología de la comunicación

Jueves 30 de mayo, a las 19:30, en C/Torrent d’en Vidalet 22 (Gracia)

Conferencia: Sóc invisible? Com gaudir de ser una dona a partir dels 45 anys

Ponentes: Encarna Expósito, Psicóloga especialista en Terapia Breve y Focal y

Fina Ferrer, Psicóloga especialista en clínica y salud

Jueves 13 de Junio, a las 19:00, en la sede de Alumni UB, Gran Via de les Corts Catalanes 582 (Eixample)

Conferencia: L’art de seduir amb les paraules i els gestos  

Ponente: Melània Figueras, Doctora en Psicología de la comunicación

¿Por qué perdérselo? Puedes contactar para más información al 696 067 037

¿Para qué sirve la inteligencia emocional?

In Inteligencia emocional on 7 abril, 2013 at 20:30

La inteligencia emocional es una cualidad que nos capacita para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Cubre todo el abanico de posibilidades relacionales que necesitamos para sobrevivir en un entorno incierto. En consecuencia, a mayor inteligencia emocional mejores relaciones con los demás, sean los demás significativos para nosotros o simples conocidos.

En la inteligencia emocional participan tres componentes generales: la experiencia subjetiva, la reacción psicológica y la comunicación hacia el exterior. Y, además, se especifican varios factores que forman parte de la capacidad individual para resolver los conflictos personales y relacionales de manera que las interacciones con los demás sean plenas, sanas y satisfactorias.

Percibir e interpretar adecuadamente las emociones propias y las de los demás. La única manera de poder gestionar adecuadamente las emociones consiste en saber identificar lo que estamos sintiendo para poder actuar en base a nuestras decisiones y no simplemente, reaccionar. Por otro lado, las emociones de los demás son una fuente de información imprescindible para conocer lo que esperan o necesitan de nosotros.

Utilizar el pensamiento para generar emociones y estados de ánimo favorables. Es un círculo de influencia mutua: pensamos interpretando lo que sentimos y sentimos en base a los pensamientos que tenemos. Tenemos la capacidad para modificar nuestros pensamientos de manera que podemos evitar el malestar que generan nuestras emociones negativas.

Reaccionar adecuadamente a los estímulos. Dos personas, ante el mismo estímulo, reaccionan de forma diferente, en función de como interpreten el significado de ese estímulo. Por ejemplo, cuando alguien nos hace un comentario ofensivo, nosotros podemos decidir cómo vamos a reaccionar, si con calma o con ira, respondiendo o no a su provocación, en base al grado de inteligencia emocional que seamos capaces de poner en práctica.

Comunicarse bien. Cuando nos dominan las emociones perdemos la capacidad para atender al mensaje. Lo único que recordaremos después serán los sentimientos de odio, traición o mala intención de la persona con la que nos comunicamos en una situación con escaso uso de la inteligencia emocional. O bien recordaremos la culpa, la vergüenza o el arrepentimiento por aquello que dijimos dejándonos llevar por nuestras reacciones desproporcionadas.

Respetar la propia identidad. La persona emocionalmente inteligente interactúa con los demás sin dejar de ser ella misma; es capaz de emitir sus opiniones y sentimientos sin herir los del prójimo. Es considerado con las creencias y el estado de ánimo de los demás y sabe relacionarse sin ser ni sumiso ni autoritario.

Así, las cinco habilidades que podemos mejorar para incrementar nuestra inteligencia emocional son: el autocontrol, el reconocimiento de las emociones ajenas, la capacidad de tolerar las propias emociones, la autoestima y la asertividad.

M. F.

¿Qué es la comunicación persuasiva?

In Comunicación on 23 marzo, 2013 at 20:34

La persuasión es una herramienta de comunicación útil para transformar ideas, creencias, actitudes y, en el mejor de los casos, comportamientos. A menudo tiene mala fama (ya que se confunde con la manipulación, es decir, el uso de artimañas para convencer al otro de que haga algo en contra de sus intereses) pero en realidad, estamos rodeados de mensajes persuasivos. Se utiliza en los discursos políticos, en los medios de comunicación, para enamorar; la utilizan los grupos religiosos, los ecologistas, los vendedores e, incluso, los psicólogos.

Las técnicas de persuasión se dividen en dos grupos: las racionales y las emocionales. Algunas técnicas racionales serían la argumentación, la lógica, la retórica, el método científico y la evidencia. Algunas técnicas emocionales serían la publicidad, la fe, la imaginación, la propaganda, la seducción, la culpa y la lástima.

Con ello vemos que utilizamos la persuasión en muchas más ocasiones de las que habíamos previsto ¿verdad?. Por ejemplo, persuadimos a nuestros hijos para que aprendan las normas sociales. O persuadimos a la persona que nos gusta para que se enamore de nosotros. Quizá persuadimos al jefe sobre la eficacia de nuestro trabajo. Y también persuadimos a nuestra pareja para que nos acompañe a ver una película romántica el sábado por la tarde.

Para persuadir necesitamos fijar un objetivo que sea asequible mediante la comunicación. Eso significa planificar los argumentos ofreciendo una perspectiva que el interlocutor no había tenido en cuenta. Por ello, los buenos persuasores buscan siempre un resultado final en el que los dos ganen. Aquí reside la magia.

Un mensaje efectivo es aquel que transmite eficazmente mi intención comunicativa. Para ello debemos sincronizar tres piezas claves en la comunicación: el mensaje verbal, el mensaje no verbal y las emociones que se ponen en juego. El mensaje verbal sigue un recorrido desde el emisor hasta el receptor con tantas interferencias que siempre me sorprende que consigamos entendernos. Está lo que debería decir, lo que quería decir, lo que creía haber dicho, lo que callé, lo que realmente dije, lo que el otro escuchó, lo que entendió, lo que pensó que yo quería decir y lo que estaba esperando que dijera.

Para persuadir con el mensaje no verbal, es decir, mediante el tono, la postura, los gestos, la expresión facial, la mirada, las pausas… éste tiene que coincidir con el contenido del mensaje verbal porque nos fiamos más de la comunicación no verbal que del mensaje literal. Por ejemplo, si pedimos indicaciones sobre una dirección a un transeúnte, y nos dice que giremos a la derecha pero señala con su mano hacia la izquierda ¿qué cree que hará la mayoría de la gente cuando llegue al próximo cruce? ¡Girarán hacia la izquierda!.

Y es a través, también, de la comunicación no verbal que transmitimos nuestras emociones. Por ejemplo, buscar el contacto visual con el otro inclinando el cuerpo ligeramente hacia delante, señala que esperas impaciente su respuesta, y suele ser un buen indicador de que te interesas por tu interlocutor. Fruncir la frente cuando el otro responde indica que no estás de acuerdo con su argumento. Por ello, para persuadir al otro, es importante que tu posición sea relajada, que respetes los turnos sin interrupciones, que asientas, que interrogues con la mirada, que sonrías…

Persuadir es un arte porqué tiene en cuenta tanto lo que tú quieres transmitir como lo que tu interlocutor está recibiendo, sus respuestas, sus sentimientos y sus intereses. Es la base de cualquier negociación y permite la conexión emocional entre dos personas, imprescindible para crear un buen vínculo.

M. F.

Optimistas, realistas y pesimistas ¿de que tipo eres tú?

In Optimismo on 11 marzo, 2013 at 10:45

El optimismo es una actitud, es decir, un conjunto de pensamientos, sentimientos y conductas orientadas en una misma dirección que nos identifica y nos define. Optimista se es aunque no siempre se esté. Principalmente, el optimista se focaliza en los aspectos positivos del entorno, confía en sus capacidades para alcanzar sus propósitos y la mayor parte del tiempo, se siente satisfecho con quien es y con lo que tiene (aunque no se conforma).

En la otra cara de la moneda está el pesimista. Aquel a quien Mingote definió como “un optimista bien informado”. El pesimista juzga a su entorno y a los demás de la manera más desfavorable posible y está preparado para todas las desgracias que puedan ocurrir. Suele ser supersticioso (cree en la mala suerte), es muy consciente del sufrimiento humano y se auto-define como realista pero… ¿es cierto que podemos ser realistas?.

Parece que no mucho. La evidencia neuropsicológica cuestiona la capacidad de las personas para ser realistas. Nuestro cerebro interpreta los hechos mediante una gran cantidad de filtros que hemos ido elaborando a lo largo de nuestra experiencia. Por ello, decimos que el cerebro construye la realidad. Frente a la incertidumbre y la ambigüedad de nuestro entorno, nuestro sistema cognitivo identifica certezas donde solo había probabilidades.

En consecuencia, podemos elegir entre dos actitudes: optimista o pesimista. Y de momento, el optimismo va ganando la partida: pensamiento positivo, psicología positiva, consigue el éxito, sé feliz… Aunque empiezan a oírse algunas voces críticas hacia los mensajes exageradamente positivos. Por ejemplo, David Collinson ha acuñado el término Liderazgo Prozac para definir la manera como algunos líderes (políticos, empresarios, religiosos…) hacen un uso incoherente de mensajes positivos frente a realidades no tan positivas. Sería el caso de un directivo que proclama en tono eufórico: “no me traigas problemas, tráeme soluciones”.

En una situación como esa, los trabajadores, por miedo a perder su trabajo o a parecer incompetentes, no se atreven a comunicar a sus superiores los contratiempos que van apareciendo, con lo cual, frente a una comunicación deficiente, el trabajador se encuentra muchas veces sin el apoyo que realmente necesita (y que no tenía nada que ver con un mensaje positivo del tipo: we can!).

Así que para que el optimismo sea eficaz, no debería usarse como un mecanismo de defensa que niega las dificultades, ni debería ser la base por la que nos mostramos incoherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Existe un optimismo sano, un poco irracional, cierto, que nos anima a buscar soluciones y a aceptar los cambios. Y frente a este, existe el pesimismo, un poco irracional también, que nos tiene todo el día esperando a que algo, lo que sea, vaya mal para decir: “ves, te lo dije”.

M. F.