Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Cómo saber si tu pareja te quiere

In Amor no correspondido on 11 enero, 2013 at 13:05

Existen dos explicaciones a esta cuestión según la profundidad a la busquemos la respuesta. La primera explicación es simple, si te dice que te quiere habrá que creérselo. En la comunicación interpersonal cooperamos en base a una serie de reglas implícitas, es decir, reglas que nadie nos ha explicado directamente aunque conocemos su funcionamiento a partir de la práctica de las mismas. Los psicólogos las conocemos como las máximas de Grice y básicamente son cuatro: cuando hablas, sé sincero, sé pertinente, sé coherente y sé breve.

Los humanos no disponemos de un detector de mentiras biológico porque, evolutivamente, fue más adaptativo para la supervivencia la colaboración en grupo que descubrir los mensajes insinceros. Aun así, nos sentimos incómodos con ciertas señales corporales: no mirar directamente a los ojos, hacer pausas demasiado largas o en momentos inadecuados, movimientos que indican nerviosismo… y con ciertas señales lingüísticas que casi siempre tienen que ver con la transgresión de las reglas comunicativas: dar demasiadas explicaciones, detectar mensajes contradictorios, o justificar de manera compleja hechos simples.

Una mentira es adecuada a nivel comunicativo, aunque no lo sea a nivel relacional, si la persona que miente cree que está diciendo la verdad; si ha dado por supuesto que el otro reconocerá la mentira (por ejemplo, utilizando un tono irónico); o si la persona no está segura del grado de veracidad del mensaje pero se le exige que dé una respuesta. Una mentira es adecuada a nivel relacional, aunque no lo sea a nivel informativo, si la persona piensa que las consecuencias de mentir serán menores que las de decir la verdad; si está en peligro su autoestima; o si el que recibe el mensaje no es capaz de aceptar la crudeza de la realidad.

La segunda explicación es más compleja, ¿por qué no le creemos cuando nos dice que nos quiere?. Puede que hayamos idealizado el concepto del amor y sus manifestaciones y cuando la otra persona no se ajusta a nuestra fantasía (en la medida en que el baremo no es objetivo) decidimos que “si no es como yo creía, entonces no es real”. Reconocer las muestras de afecto en los demás no es fácil, conseguirlo es muy gratificante, pero requiere sensibilidad, aceptación y compromiso. Existen tantas formas de querer como personas capaces de hacerlo.

Básicamente, solemos guiarnos por un código: si le supone un esfuerzo, lo ha hecho por amor. Cuando el otro nos dedica su tiempo, su dinero, su paciencia, su ternura… y en cada acto, su esfuerzo se traduce en que nuestro esfuerzo sea menor, entonces, nos está queriendo. Pero ¿es suficiente?, la mayoría de las veces respondemos que no porque el máximo anhelo, el más valorado, es aquel que nos acerca a compartir el mismo estado mental, a pensar de la misma manera, y, en consecuencia, a conectar emocionalmente cuando te sientes realmente comprendido por tu pareja.

M. F.

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