Figueras Bofill Pi Psicòlogues

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El optimismo incrementa la consciencia de las oportunidades

In Autoestima on 23 octubre, 2012 at 9:54

Los optimistas tienen fama de ser algo ingenuos y poco realistas. Cierto que les falta cierta dosis de realismo, como a los pesimistas, pero los optimistas viven más y mejor. La atención y la memoria actúan, en ambos casos, seleccionando una parte de la información. Para el pesimista, la atención se centra en los obstáculos, para el optimista, en cambio, la atención se enfoca en las soluciones. La persona optimista encuentra beneficios y soluciones creativas que al pesimista le pasan por alto porque, el optimista, está convencido de que existen.

El optimismo, la autoestima y el autocontrol son tres recursos psicológicos altamente relacionados que disminuyen la susceptibilidad a la depresión y protegen del estrés. Mejoran las relaciones con los demás y con uno mismo. Ayudan a gestionar las emociones, potenciando las emociones positivas, como el amor, la confianza, el entusiasmo, la sorpresa, la solidaridad o la esperanza, y minimizando las emociones negativas, impidiendo que exploten y “olvidando” con facilidad los acontecimientos negativos.

Todo son ventajas para los optimistas. Sin embargo, investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles, han encontrado que el optimismo podría estar determinado genéticamente. Variaciones genéticas en el receptor de la oxitocina (una hormona relacionada con la lactancia, la excitación sexual, la monogamia y la empatía) influyen en que una persona sea más optimista y, otra, más proclive a la depresión. Afortunadamente, existen técnicas muy efectivas que se pueden practicar (independientemente de la influencia genética) para mejorar el optimismo y de paso, la autoestima.

Estrategias de afrontamiento. Básicamente existen dos tipos de estrategias eficaces frente a una situación desagradable o incierta, la cognitiva, cambiar la situación que me provoca malestar; y la emocional, cambiar los sentimientos que me provoca la situación. En ambos casos afrontas el conflicto, sin rendirte ni esperando a que se solucione mágicamente.

Contagio de emociones. El estado de ánimo es contagioso, por tanto, se puede influir en los sentimientos de los demás. Cuando llegas a casa del trabajo muy contento, porque te han felicitado por tu tarea, en muy poco tiempo contagias a tu familia con tu alegría. Y a la inversa, cuando llegas a casa y tu pareja está enfadada o triste, fácilmente te acabas sintiendo igual. Relaciónate con personas alegres, divertidas y optimistas. Recuerda, quien va con un cojo… ¡al año cojea!.

Visualización. Utilizar la imaginación influye positivamente en el logro de nuestros objetivos. Utilizamos las visualizaciones constante y cotidianamente. Tomamos las decisiones anticipando mentalmente las consecuencias positivas y negativas de nuestras elecciones. Aumentamos nuestra confianza imaginando nuestro éxito de antemano. Nos sentimos mejor cuando recordamos experiencias pasadas positivas. Levantarse por la mañana e imaginar intensamente que tendremos un día maravilloso nos predispone para lograr que nuestros propósitos se cumplan.

M. F.

Luchar o dejarlo ir

In Autoestima on 24 septiembre, 2012 at 16:10

Es una decisión difícil. Luchamos para no perder aquello que nos importa, ya sea una relación, un trabajo, una actividad o un sueño. Pero poco a poco, nuestra voz interior cuestiona la utilidad de esa lucha, pidiéndonos que lo dejemos ir. Con el tiempo, la voz se afianza y aparece el conflicto personal, justo cuando hemos elaborado poderosos argumentos válidos para las dos opciones.

Una vez leí que tomamos la decisión de aguantar cuando hemos cruzado el punto de inflexión. Se trata de ese momento en el que se ha hecho tal inversión de esfuerzo que renunciar a ello implica sentir que hemos perdido el tiempo (un tiempo valioso que no ha de volver). Por eso, nos cuesta tanto renunciar, por el tiempo perdido y por la sensación de fracaso.

¿Cuándo es el momento de abandonar?. Cuando creas que te puedes permitir darte otra oportunidad, cuando estés convencida de que te mereces algo mejor y estés dispuesta a arriesgarte. Renunciar también implica dejar entrar en tu mente nuevas ideas, nuevas direcciones, nuevos retos que cumplen dos funciones. La primera es la de alejarte de tu objetivo anterior y la segunda es la de permitir que logres un mayor sentimiento de autoeficacia.

Psicológicamente, el primer paso es un pequeño movimiento en la dimensión de la distancia emocional. Controlar tus reacciones para restarle poder a aquello que te exige un gran esfuerzo a cambio, únicamente, de la promesa de que un día, quizá, será diferente. Una mayor distancia emocional, te permite poner el foco de atención en otros intereses, otras personas u otras actividades.

El segundo paso consiste en implicarte en aquello que realmente, te hace sentir capaz, te ilusiona, te recompensa o te da seguridad en tus capacidades. Si percibes que tu relación de pareja es muy conflictiva y que por más que luchas no consigues mejorarla, entonces, lo mejor es que te focalices en algo nuevo: tu propio éxito profesional, realizar por fin aquello que dejaste pendiente, recuperar viejas amistades, apuntarte a aquellas actividades que no hacías porque a tu pareja no le apetecían…

La satisfacción personal es un cúmulo de pequeños momentos de placer, de conexiones con otros significativos, de tiempo dedicado a estar con uno mismo… si diversificas las fuentes de gratificación podrás conocer con más precisión cuando seguir y cuando abandonar, porque no te lo habrás jugado todo a una sola carta.

M. F.

Los elogios también están en crisis

In Autoestima on 30 julio, 2012 at 8:40

Los elogios, pequeños comprimidos de bienestar, andan algo escasos. En la educación de nuestros pequeños, destacar sus logros les hace sentirse valiosos, pero no sólo a ellos, los mayores también queremos que nos elogien (aunque luego no sepamos cómo responder –es suficiente con un gracias y una sonrisa). De la poesía del enamorado mudamos hacia el descuido de los detalles, incluso de aquellos tan baratos (no nos olvidemos de la crisis) como son las alabanzas. Y si tras consultar con una psicóloga, cual sería la mejor manera de conseguir que tu pareja vuelva a adularte, ella te aconseja que se lo pidas explícitamente, “recuérdame lo que más te gusta de mi” te arriesgas a que te respondan “!todo, pero si ya lo sabes!”.

Volviendo a nuestros pequeños, los padres, a veces, estamos tan ocupados criando, educando y corrigiendo las conductas de nuestros hijos que nos olvidamos de compensar la balanza con un halago genuino, ¡a ver si demasiados elogios le van a convertir en un malcriado egocéntrico!. Esto podría ser cierto si el elogio fuese indiscriminado o poco sincero, sin embargo, existe una clara correlación entre el reconocimiento de los logros por parte de los padres y una elevada autoestima en los hijos.

Otra razón por la que escasean los cumplidos, es la costumbre de algunas personas, de halagar fuera de casa. Se encuentran con un amigo, por ejemplo, y les falta tiempo para presumir de las brillantes notas de sus hijos o de las maravillas culinarias de su mujer. Luego, vuelven al hogar y hacen de la queja un arte. Su “cariño” llega tan lejos que, incluso sufren cuando consigues un gran éxito, fruncen los labios y sueltan un “esta vez has tenido suerte, ahora toca esforzarse para mantenerlo”, o “seguro que tan bueno no puede ser”.

Son personas que ponen el foco en lo negativo (de los demás), atentos a todo lo que pueda salir mal (de los otros), hipersensibles a las equivocaciones (de todos menos de ellos). Y, encima, ¡les disculpamos!, “ya sabes cómo es”, “si se mete tanto contigo es porque te quiere y se preocupa por ti”, “no tiene mala intención”…

Y, por último, sólo queda desenmascarar a los que tienen la habilidad de hilvanar elogios destructivos. Son aquellos que te exigen en forma de halago “me encanta cuando sacas las mejores notas de la clase” o “he invitado a toda mi familia a cenar porque eres una anfitriona estupenda”.  O los que te alaban en tu contra: “menos mal que tú nunca te pondrías ese vestido tan corto” o “eres muy divertida, dices tonterías para que los demás se rían de ti”.

Los elogios tienen un efecto poderoso en quien los recibe. Siempre se puede encontrar una cualidad digna de halago, ya sea el esfuerzo, la tenacidad o el entusiasmo. A veces, no se aprecia con facilidad, pero con un poco de práctica, podemos llegar a descubrir maravillosos matices en todos aquellos que nos rodean.

M. F.

La autoestima se puede mejorar

In Autoestima on 16 abril, 2012 at 9:14
    La autoestima es la imagen que te evalúa y que se refleja en los espejos que tienes a tu alrededor: en la familia, en los amigos, en los medios de comunicación, en el trabajo, pero también en el que tienes dentro de ti. Una elevada autoestima supone la existencia de un número limitado de espejos que nos devuelven una imagen distorsionada de nosotros mismos. Esta distorsión puede ser por exceso o por defecto, es decir, una imagen excesivamente negativa o defectuosamente positiva. Podemos vernos repletos de imperfecciones o vernos excesivamente perfectos. Ambas imágenes están distorsionadas. Si el número de espejos en los que observamos una imagen distorsionada es considerable, entonces, tenemos una baja autoestima.

    Cada persona tiene características propias que le son altamente apreciadas. Por ejemplo, una sonrisa bonita, o un cuerpo agraciado. Sin embargo, la imagen que reflejan los espejos que nos evalúan, va más allá y refleja nuestra amabilidad, capacidad intelectual, habilidad para hacer amigos, auto-reflexión, estatus económico y toma de decisiones, entre otras características.

    Además de las habilidades que nos gustan, cada persona tiene rasgos de sí mismo que no le gustan tanto. Por ejemplo, su irritabilidad, o su frialdad, o su excesivo interés material, o su conformismo, entre otras. Y estas características también se reflejan en los espejos que nos evalúan. Conocerlas, saber que se reflejarán, mirarlas sin miedo y comprender que se pueden compensar las debilidades, nos permite vivir con un menor malestar.

    Podemos compensar nuestras debilidades cambiando pequeñas conductas. Por ejemplo, si le has gritado a tu pareja y en su espejo se refleja que no dominas tus impulsos, entonces puedes: reconocer tu defecto, dejar de buscar excusas fuera de ti mismo y simplemente, pedirle, sinceramente, que te disculpe. La próxima vez, recordarás que debes controlar tus impulsos para sentirme mejor contigo mismo y poco a poco, cambiarás esta parte de ti.

    Otro ejemplo, si has llegado tarde a una cita y en el espejo de tu amigo observas que no respetas a los demás, puedes pensar que, en el fondo, está justificado porque eres una persona muy ocupada. Si sigues observando, verás que la imagen no ha cambiado, tu amigo sigue pensando que no respetas a los demás (sin excusa que valga). No dejes de mirarte en su espejo. No escondas esa visión bajo la alfombra de tu desidia. Discúlpate (elimina la culpa que sientes) y la próxima vez llega a la hora. Tu puntualidad hará que sientas mejor contigo mismo.

    M. F.