Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Archive for the ‘Conflictos de pareja’ Category

Eros y Psique y la crisis de pareja

In Conflictos de pareja on 11 junio, 2013 at 9:03

Existe un mito latino que celebra el matrimonio entre el corazón y la razón; se trata del mito de Eros y Psique, el Dios del amor y la hija pequeña de un rey, tan hermosa que los habitantes de su país dejaron de adorar a su diosa, Afrodita, para venera a un simple mortal.

Afrodita, ofendida, encargó a Eros que hiciera infeliz a Psique logrando que ella se enamorara del hombre más horrible y ruin que encontrara. Pero cuando Eros vio la belleza de Psique se aturdió y la flecha que tenía preparada para ella se cayó, se le clavó en un pie y se enamoró perdidamente de la joven.

Después de muchas aventuras y desventuras Psique acabó siendo la esposa inmortal del dios del amor y la hija que ambos tuvieron se llamó Hedoné (placer).

En los conflictos de pareja, a menudo nos encontramos con que la emoción y la razón, el sentimiento y el pensamiento, no van de la mano. Decimos: “te quiero pero no me convienes” o “no eres tú, soy yo, que estoy confundido”. Por un lado el amor, por el otro la razón y entre ambos, el conflicto.

La crisis en una relación de pareja tiene la función de generar una dinámica nueva para producir cambios. Aparece para trasformar el enamoramiento en estima, la independencia en compromiso, la estabilidad en ruptura. Existen una serie de fases en cualquiera de estas crisis que suelen corresponderse con las de un duelo psicológico: negación, rabia, negociación, dolor emocional y aceptación.

En un primer momento, nos negamos a creer que nuestros trucos de siempre ya no sirvan (el chantaje emocional, la presión, la distancia emocional, los gritos, la racionalización). Justo después nos enfadamos con nuestra pareja convirtiéndola en la única culpable de la situación, destacando sus aspectos más negativos y planteando la ruptura como una, o como la mejor, posibilidad.

La rabia acaba dejando lugar a la tristeza, iniciando un periodo de negociación o pacto “si no me dejas, te prometo que me esforzaré más”. El otro, utiliza su razón: “no se trata de ti, es la relación la que no funciona”. El dolor emocional que surge al darse cuenta de que no tenemos nada interesante que ofrecer es devastador. Pero al final, acabamos aceptando que el cambio es inevitable y, en ese momento, podemos avanzar hacia un nuevo modelo de vida (con la pareja o solos).

En terapia de pareja, observamos que algunas personas optan por una descripción del conflicto puramente emocional o bien por una explicación puramente racional. Nuestro trabajo se basa, como en el mito de Eros y Psique, en conseguir que ambos estados confluyan para encontrar la mejor solución durante y después de la crisis. Afirmaciones como “no puedo controlar lo que mi pareja siente pero puedo elegir con qué actitud me enfrento a la crisis” concilian emoción con pensamiento, sentimiento con razón.

M. F.

Si lo coges debes estar dispuesto a devolverlo

In Conflictos de pareja on 2 marzo, 2013 at 12:45

¿No has pensado nunca que las relaciones con los demás son enrevesadas, complejas y… fascinantes?. Yo lo pienso a menudo, especialmente en las relaciones de pareja, un lugar donde se solapan (y a veces se contraponen) dos realidades esenciales para el bienestar personal: ajustarse al otro y ser uno mismo. Si soy yo mismo, puedo llegar a casa, tumbarme en el sofá y ver lo que me gusta en la televisión. Pero si me adapto al otro, cuando llego a casa, tengo que ayudar a poner la mesa o a preparar la cena, comentar cómo ha ido el día y asegurarme de que mi pareja se siente atendida.

Si en una relación nos encontramos tan cómodos que nos mostramos tal cual somos (con lo bueno y con lo malo), o si, en función de nuestras creencias, estamos firmemente convencidos de que en casa no hace falta cuidar los detalles, muchas veces nos tachan de egoístas. Entonces nos sorprendemos: “¿tan difícil resulta de entender que después de un día duro no me apetezca ponerme a hacer la cena?”, decimos incrédulos.

La clave está en comprender que en el momento en que decidimos compartir nuestra vida con alguien, o simplemente, pasar un tiempo con otra persona, en ese mismo momento, asumimos una responsabilidad. La responsabilidad de devolver lo que hemos cogido primero. Si el otro cuida de nosotros, le debemos interés. Si el otro ha dejado sus preocupaciones fuera de la conversación, le debemos atención. Si el otro está preparándonos la cena, le debemos poner la mesa.

Hablo de deber porqué, semánticamente, es un término que espolea la responsabilidad: “con lo cansado que estoy, no me apetece escuchar sus quejas sobre su incompetente compañero de trabajo pero él me animó a mi cuando estaba pasando por un mal momento”. Estamos en deuda y, al igual que en el ámbito financiero, si no pagamos las deudas, perdemos lo que creíamos que nos pertenecía.

En las relaciones con los demás, nuestro sistema racional recuerda lo que nos deben, y nuestro sistema emocional cuantifica su valor. Pero lo mejor de todo es que en la interacción entre ambos sistemas se generan situaciones realmente ventajosas: en muchas ocasiones un pequeño gesto cubre muchas de las deudas adquiridas. Son esos pequeños detalles en los que respondemos con generosidad a las necesidades elementales del otro, demostrándole nuestro afecto, preocupación, interés, apoyo y evidenciando que hemos asumido nuestra responsabilidad por su bienestar. A mi me gusta llamarlo amor.

M. F.

Las irritaciones son un mal necesario

In Conflictos de pareja on 3 febrero, 2013 at 14:10

Las irritaciones cumplen un papel esencial en la estructuración de la pareja, ya que cuentan la historia de los miembros que la conforman. Por ejemplo, “me irrito cuando mi marido llega tarde a cenar porque me recuerda lo que mis padres siempre decían: que el que no cena en casa es que tiene una aventura fuera”. La irritación es una señal de que dos ideas, sentimientos o creencias están en contraposición: confío en mi marido pero si llega tarde a la cena es que está con otra.

Existen irritaciones que producen una simple contrariedad de tipo intelectual e irritaciones que generan un verdadero choque emocional. En nuestro ejemplo, cuando el marido llegue a casa puede encontrarse con una mujer enfurruñada o con una mujer en pleno ataque de celos. Depende de la capacidad que tenga ella para resolver ese conflicto interno. Si el marido ya ha sido infiel antes o si la mujer ha vivido una separación traumática de sus padres a causa de terceras personas, la irritación puede que deje de ser una simple irritación y tome, entonces, tintes dramáticos.

Sin embargo, en la mayoría de las cotidianidades domésticas, las irritaciones son beneficiosas: regulan la acción, funcionan como un impulso emocional para tomar decisiones, ponen al cuerpo y a la mente en movimiento. Por ejemplo, cuando suena el despertador y fuera de la cama hace frío, sentimos irritación por tener que levantarnos. Pero entonces pensamos en las consecuencias de no ir a trabajar y utilizamos la energía que nos ha provocado la irritación para tomar una decisión y salir de la cama. Mientras nos tomamos el café, nos metemos en la ducha o preparamos la agenda del día, sentimos un enorme placer por haber vencido esa irritación que casi nos deja en la cama.

Cuando las irritaciones afectan a la organización de la pareja, por ejemplo, ¿quien llevará a los niños al colegio?, la solución consiste en enfrentarse a ello como un reto a resolver. Hablar mucho con el objetivo de negociar; adaptarse al otro y re-formular la dinámica doméstica hasta llegar a un acuerdo satisfactorio es básico para un buen equilibrio en la pareja. Y todo ello gracias a que las irritaciones nos impelen a construir progresivamente una estructura bien ajustada para la convivencia.

M. F.

Soluciones para parejas problemáticas

In Conflictos de pareja on 2 enero, 2013 at 17:44

No existe una fórmula matemática para tener éxito en un matrimonio, aunque la ciencia -y el sentido común- sugieren que si pensamos y nos comportamos de forma positiva con la pareja, mejoraremos el resultado. Esto es así para las parejas que tienen unas expectativas respecto a su pareja que se corresponden con la realidad. Pero ¿qué ocurre si esas expectativas son tan malas que la pareja se casa pensando que el otro le va a decepcionar?.

La respuesta proviene de una serie de experimentos que llevaron a cabo el equipo de James McNulty, psicólogo de la Universas de Tenesse, en Estados Unidos. Durante muchos años, este investigador ha recogido datos de centenares de parejas observando su nivel de satisfacción, sus estrategias para resolver problemas y sus expectativas a corto y largo plazo.

Encontró que en las parejas felices, ser positivo y optimista respecto a la relación, atribuir causas externas a un comportamiento inadecuado del otro (por ejemplo, está de mal humor porque ha tenido un problema en el trabajo) y gestionar los problemas de manera efectiva, no les provoca felicidad, más bien, refleja la felicidad que ya sienten.

Por esta razón, observó que las parejas que tienen problemas graves no mejoran en terapia cuando se les pide que piensen y actúen en positivo. Para estas parejas, que llegaron al matrimonio con bajas expectativas respecto a lo que podían esperar del otro, los comportamientos negativos como echarle la culpa a la pareja, exigir que el otro cambie y ser poco indulgente con los agravios, funcionan para tener un matrimonio satisfactorio.

¿Cómo puede beneficiarse una pareja de los intercambios mordaces? Según McNulty, las parejas problemáticas deben motivar el cambio en el otro y ser capaces de ajustar sus expectativas a la realidad. Frente a los gritos, los insultos o las humillaciones, intentar ver la parte positiva, o atribuir siempre la culpa a algún elemento externo, no ayuda a que el otro miembro de la pareja se responsabilice de las consecuencias de su conducta. Así, discutir, culpar, rechazar o increpar a la pareja, funciona como una herramienta motivacional para mejorar la relación. No siempre, únicamente en los casos de parejas que se enfrentan con frecuencia con graves problemas en la relación .

En resumen, el resultado más sorprendente de estos estudios es que, en las parejas problemáticas, casarse sin expectativas, sin idealizar al otro y utilizar los conflictos para motivar el cambio les conducirá a un matrimonio más satisfactorio que si utilizan estrategias más positivas, como ignorar los problemas puntuales, ver siempre la parte positiva de la relación y responder en positivo a los comentarios negativos del compañero.

M. F.

Septiembre, cuesta arriba

In Conflictos de pareja on 17 septiembre, 2012 at 8:39

Septiembre, tradicionalmente, es un mes conflictivo para las parejas. Se incrementan los estresores (o factores estresantes) externos, como el final de las vacaciones o la vuelta al colegio de los hijos, mayores gastos –previstos e imprevistos –, la ropa que se ha “encogido” en el armario, los vecinos problemáticos, la subida del IVA y las insinuaciones del jefe de nuevos recortes.

A su vez, los estresores internos se disparan, como apretarse el cinturón, el ruido ambiental, el ritmo acelerado, los atascos de tráfico y la fatiga de levantarse de nuevo con el despertador.

Aún quedan los estresores producidos por la propia relación, como la organización de las tareas de la casa, el malestar de la pareja, las discusiones, los compromisos familiares, las últimas cenas con los amigos y los nervios de los hijos.

Todos los tipos de estresores afectan a la relación de pareja intensificando el malestar y las peleas. La calidad de la relación desciende varios grados, arrinconando los buenos momentos pasados durante las vacaciones. Sin embargo, es en el espacio de la pareja donde podemos amortiguar el estrés desencadenado por los estresores externos e internos.

Existen tres herramientas para que la pareja reduzca el nivel de tensión y, en consecuencia, ascienda el nivel de satisfacción conyugal: disminuir las peleas, aumentar la ternura e incrementar la comunicación.

La solución más eficaz para disminuir las peleas consiste en ser conscientes de que estamos utilizando a nuestra pareja como una diana de nuestro malestar. La confianza facilita que controlemos menos nuestra impulsividad y nuestra agresividad. Por tanto, debemos esforzarnos para ver lo mejor de nuestro cónyuge e intentar dedicar media hora al día para tener un buen momento con la pareja: haciéndose un masaje, cenando solos (sin televisión) o saliendo a pasear.

La mejor manera de aumentar la ternura reside en los besos y los abrazos. Darse un buen beso por la mañana y por la noche fortalece el sistema inmunológico y disminuye la ansiedad. Los abrazos largos, además de producir bienestar, reducen la tensión muscular.  Enviar un mail o un sms a la pareja durante el día para decirle que le echamos de menos puede ser una buena manera de aguantar entre beso y beso o entre abrazo y abrazo.

Finalmente, incrementar la comunicación implica un esfuerzo cuantitativo no sólo cualitativo. Dedicar entre media hora y una hora al día para hablar relajadamente con la pareja puede ser suficiente para mejorar la calidad de la comunicación. Es importante hacerle preguntas al otro: ¿cómo ha ido el día?, ¿qué planes tienes para el fin de semana?, ¿qué opinas del último libro que has leído?… lo importante es que habléis los dos.

M. F.

Conseguir una tregua durante un conflicto de pareja

In Conflictos de pareja on 3 julio, 2012 at 2:22

Los conflictos, dentro o fuera de la pareja, tienen, a mi entender, una mala fama inmerecida. Sirven como incentivo para que la pareja realice los cambios que la relación necesita. Cambiar es difícil, por eso, para tomar conciencia de que el cambio es necesario, las personas discuten. El conflicto permite a la pareja regular los niveles de distancia –acercamiento, de confianza –control, y de intimidad –autonomía, hasta alcanzar un grado aceptable para los dos miembros de la relación.

Los grandes conflictos activan respuestas emocionales que, en muchas ocasiones, obstruyen la solución limitando la efectividad de las estrategias de acuerdo. Sin acuerdos, pasar del conflicto a la crisis es casi inevitable. Deshacer una crisis de pareja requiere un esfuerzo titánico por parte de los componentes de la relación. Sin embargo, resolver un conflicto simple requiere del uso de estrategias simples.

Este post está pensado para las parejas que no saben cómo salir de un conflicto grave, que no encuentran la manera, si quiera, de plantear una tregua para reducir la tensión en la que viven. En muchas ocasiones, uno se encuentra solo en su objetivo de suavizar las peleas. Se tiene la sensación de que el otro no participa del propósito de enmienda de la relación. Las mejores soluciones son aquellas que implican a todos los participantes, sin embargo, uno de los miembros puede empezar y, si mantiene la constancia, pronto verá cambios en su pareja.

En primer lugar es importante reducir la hostilidad y, en consecuencia, aunque sólo lo haga uno, es necesario retirarse de las discusiones acaloradas, no respondiendo, no levantando la voz o saliendo de la habitación. Esta última conducta molesta especialmente a las mujeres que suelen responder con un “!no me dejes con la palabra en la boca!”. Por ello, es imprescindible introducir una pequeña explicación del tipo “creo que si sigo aquí vamos a acabar peleando así que me voy a la cocina /baño /habitación a tranquilizarme un poco, vuelvo en cinco minutos”.

En segundo lugar hay que responder con un comentario positivo a los comentarios negativos del otro. Si te dice “nunca estás contenta con nada de lo que hago” se puede responder “esta mañana cuando me has dicho que ibas a tener un día muy difícil me he sentido próxima a ti, así que gracias por dejar que te apoye cuando tienes un mal día”. Cuando nuestras emociones están secuestradas, es decir, que no pasan por el filtro de la racionalidad, es muy difícil responder a lo que interpretamos como una queja o una crítica, con un comentario halagador hacia el otro. Pero esta es una técnica tan poderosa que no sólo reduce la tensión del momento sino que moldea la conducta del otro, es decir, le sirve de ejemplo para futuros comportamientos.

En tercer y último lugar, para conseguir una tregua, es importante ser más concreto en las peticiones. Pedir de una forma clara lo que se quiere disminuye los malentendidos y permite al otro saber que no va a equivocarse. En demasiadas ocasiones, los gritos son una pantalla para esconder el miedo a no estar a la altura de las expectativas del otro. Funciona como un mecanismo de defensa para calmar la angustia de vivir una situación en la que se anticipa un fracaso, así, pedir “¿puedes llevar a los niños al colegio mañana?” obtiene mejores resultados que decir “nunca me ayudas en nada y yo no puedo con todo”.

M. F.

El triángulo dramático: el juego de la manipulación

In Conflictos de pareja on 25 junio, 2012 at 14:00

El triángulo dramático es un juego psicológico donde se disputan tres roles, víctima, perseguidor y salvador, con el objetivo de manipular al otro. Eso no significa que en todas las interacciones exista manipulación, para nada. Hablamos de manipulación cuando el interés real –ser el centro de atención, tener el control, demostrar superioridad, culminar una venganza– se oculta bajo justificaciones más nobles –cuidar del otro, aconsejar, advertir un futuro daño, sentirse necesitado…

La víctima, pide ayuda en un tema pero en realidad busca que otro asuma la responsabilidad por ella; se coloca en una posición de dependencia pero en el fondo, lo que quiere, es actuar en un espacio que le ha sido negado; desacredita al perseguidor victimizándose en público para que los demás se alíen con ella (la víctima) y rechacen al otro.

El perseguidor, maneja la crítica para optimizar (un puesto de trabajo, una relación de pareja) pero lo único que le motiva es sentirse superior a los demás; amenaza con marcharse pero desea que se lo impidan para demostrar lo imprescindible que es; genera conflictos innecesarios para tener el control de la situación y poder descargar su propia ira.

El salvador, se preocupa de los demás pero siempre espera algo a cambio -que se comporten según sus reglas, que le muestren su agradecimiento, que le devuelvan los favores- y cuando no lo consigue, fácilmente se transforma en víctima o en perseguidor; ofrece su ayuda, asume tareas que no le corresponden, justifica el comportamiento de las víctimas, pretende salvar al mundo, pero siempre con condiciones, las suyas.

El que juega, repite una y otra vez los mismos patrones (pasando de víctima a perseguidor, a salvador, y de nuevo a víctima). Camufla sus intenciones ocultas: el egoísmo, la ira o la redención, en manifestaciones de victimismo, persecución o salvación, con el único objetivo de conseguir sus propósitos. El otro es un mero instrumento al servicio de sus intereses. El que juega, no acepta sus propios errores, no admite sus responsabilidades, no negocia para que ambos ganen, sólo juega a triangular para manipular al otro. Y el otro, muchas veces, también se apunta al juego.

Para reconocer que se ha caído en la trampa, sólo hay que analizar el resultado de una discusión, o un desacuerdo, ya sea en el trabajo, con los amigos o en la pareja. Cuando ninguno de los dos se siente mejor, cuando no se han alcanzado acuerdos beneficiosos para ambos, cuando se siente agotamiento, frustración o que se ha avanzado en círculo después de una pelea, es que uno o ambos, han caído en el juego del triángulo dramático.   

M. F.

Las mujeres carnívoras

In Conflictos de pareja on 18 junio, 2012 at 12:13

Una pareja indiferenciada es aquella que comparte los mismos roles tanto sociales como emocionales. Esta idea tan bonita para las mujeres, se está convirtiendo en la pesadilla de los hombres. Quizá se nos ha ido un poco la mano, porque de ellos, no sólo queremos que compartan las tareas domésticas sino que lo hagan con el mismo grado de interés, motivación y perfección con el que lo hacemos nosotras. En nuestro discurso, a ellos no tenía que importarles que ganásemos más que ellos, que no quisiéramos tener hijos o que al disfrutar de nuestra libertad le añadiésemos valor a la relación. El problema reside en que  nosotras lo llamamos ser socios mientras que los hombres lo llaman “vivir con otro hombre”. Para ellos, la pareja ha entrado en una competición.

Esa igualdad, reclamada en todos los niveles, tiene un precio: cada vez cedemos menos espacio a la sensualidad. Porque ahora los dos aceptan dedicar más tiempo a sus respectivos trabajos, a las relaciones sociales estratégicas, a sus propias aficiones, que a la pareja. Sin embargo, las estadísticas de separaciones y divorcios nos están avisando de que este nuevo modelo no fomenta la estabilidad en la pareja. Y lo que puede ser peor, cada vez existen menos personas dispuestas ni siquiera a intentarlo. Un ejemplo, los herbívoros (de los que hablamos en el post anterior).

En consecuencia, ha surgido una nueva modalidad de estilo femenino de caza, un estilo mucho más agresivo, el de las mujeres carnívoras. Mujeres que están expectantes a cualquier candidato que cumpla con los requisitos para proponerle un encuentro sexual y, si surge algo más, pues mejor. Jóvenes, alrededor de los 30 que actúan bajo la presión de la maternidad y jugándose las últimas reservas de sus sueños románticos, a la caza de pareja.

Mujeres que disfrutan de su cuerpo, de su independencia, que son autosuficientes económica, moral y socialmente y que no quieren renunciar a encontrar una pareja. Pero tampoco van a renunciar a su trabajo, a sus salidas con amigas, al tiempo que pasan con su familia… Simplemente, ellas creen que este tipo de vida se puede compartir con un hombre que esté a su altura. Quizá lo intentaron, pero estar siempre a la altura de las mujeres (y según nosotras, no conseguirlo nunca) les ha convertido en hombres escurridizos. Ya no quieren, ni se interesan en tener pareja.  

Así, las carnívoras, tenaces y obstinadas, aprovechan su talento para llevarlos a la cama como último cartucho para conseguir pareja. Lo peor de todo, es que estos hombres que se cuidan, que muestran seguridad en sí mismos, que hablan de sus sentimientos, nos gustan!. Son los hombres soñados, sólo que ahora, en el paquete, está incluido el desinterés por todo aquello que las mujeres podían darle: sexo, compartir la intimidad, formar una familia…  Al rehuir la competitividad, se han despedido de su peor enemigo: las mujeres.

M. F.

Los hombres herbívoros

In Conflictos de pareja on 12 junio, 2012 at 12:38

Este término, acuñado en Japón, hace referencia a hombres jóvenes, con una filosofía de vida hedonista, centrada en sí mismos, que se gastan su dinero en el cuidado corporal y en las nuevas tecnologías (el resto lo ahorran), que rechazan ser competitivos, que están apegados a sus madres y que no buscan, ni quieren, una relación ni emocional ni sexual con nadie (se definen como heterosexuales). Lo curioso es que la mayoría de los hombres japoneses se identifican con este modelo de masculinidad.

Los herbívoros no son una tribu urbana, más bien, parece que está surgiendo un nuevo modelo de masculinidad. Ya hace un tiempo que se habla de masculinidades (en plural), es decir, diferentes formas de identificarse con la masculinidad, ya sea como rasgo de personalidad o como rol de género. Como rasgo de personalidad, hombres y mujeres pueden ser más o menos masculinos: competitivos, agresivos, autosuficientes, racionales… Como rol de género, se trata de un hombre, comportándose como se espera de un hombre, en función de las expectativas sociales y culturales que le son propias. En nuestra cultura tenemos varias masculinidades, por ejemplo, a los machistas, a los misóginos, a los machos alfa, a los metrosexuales y, pronto, tendremos a los herbívoros.

Los herbívoros son, desde mi punto de vista, el resultado de tres realidades sociales. Por un lado, la incertidumbre laboral que fomenta valores como la hiper-especialización en proyectos de breve duración, lo que dificulta el compromiso a largo plazo, tanto con el proyecto en sí como con las personas que forman el equipo. Por otro lado, el rechazo social hacia características típicamente masculinas como la agresividad, el patriarcado, la discriminación laboral, el abuso… lo que confunde a algunos hombres, que sienten el rechazo directamente en el núcleo de su identidad de género (es decir, no como el rechazo a unos valores sino como el rechazo a la persona en su conjunto). Y en último lugar, las mujeres han adoptado algunas características masculinas para competir directamente “en un mundo dominado por los hombres” y se han vuelto extremadamente dominantes, cuestionadoras y poco emotivas.

Los tres factores han afectado al comportamiento de ambos géneros con consecuencias en la manera de entender y vivir las relaciones de pareja. Las relaciones de pareja cada vez son más breves, más conflictivas y menos satisfactorias. Las mujeres esperan que sus parejas las traten con absoluta igualdad, que se abran emocionalmente, que no compitan con ellas por el dinero o el poder, que compartan las tareas domésticas y que cuiden de los hijos a doble jornada, como han hecho ellas durante décadas. Par conseguirlo, ellas, expresan su malestar, cuestionan la valía de sus compañeros como pareja, reparten el trabajo y se designan jueces de los éxitos y los fracasos de la relación. Los hombres, en cambio, esperan que sus parejas les traten como hombres, que se comporten como lo hacían sus madres, con aceptación incondicional y cariño. Para conseguirlo, los hombres se distancian emocionalmente de sus parejas, les exigen independencia económica  y dan más importancia a sus amigos que a su pareja.

Así, aparecen importantes fenómenos de actualidad como la hiposexualidad masculina, debida, entre otros factores a que los hombres no encuentran deseables a las mujeres que les critican o les menosprecian; el incremento de las parejas mixtas de hombres europeos con mujeres tradicionalmente sumisas, como las orientales o las sudamericanas; y el aumento de singles, hombres y mujeres que prefieren vivir solos que en pareja, convencidos de que “sin ti, tienen mis penas remedio”.

En el próximo post, hablaremos de la contraparte, las mujeres carnívoras, las cazadoras de los herbívoros.

El vínculo afectivo de dependencia emocional en la pareja

In Conflictos de pareja on 7 mayo, 2012 at 8:25

Para que una relación de pareja funcione ¿tenemos que depender del otro? ¿o la dependencia es un rasgo patológico?. Hay respuestas para todos los gustos. La terapeuta Sue Johnson, apuesta decididamente por la dependencia. Afirma que existe una necesidad innata de pertenencia y apego en la base del enamoramiento. Cuando iniciamos una relación, lo que estamos buscando es alguien de quien depender, que nos ofrezca conexión y apoyo en un marco de seguridad.

A lo largo de la evolución, el ser humano ha conectado con otras personas para sobrevivir. Brené Brown destaca el poder de la vulnerabilidad como un recurso para conseguir conectar. Realizamos enormes esfuerzos para evitar sentirnos vulnerables. Sin embargo, las consecuencias pueden ser devastadoras. Adormecemos nuestras emociones, fingimos que nos entregamos a los demás sin correr riesgos y finalmente, al aislarnos, nos sentimos tremendamente solos.

Las propuestas de Johnson y Brown son todo un desafío para el exponente más representativo de la psicología que insiste en que los conflictos de pareja se deben a un exceso de emotividad o a una mala gestión de las emociones. El argumento más persuasivo, no obstante, es el que afirma que sólo las personas disfuncionales son dependientes de los demás. Que la persona sana lo demuestra siendo autosuficiente.  Walter Riso, equipara el apego a una enfermedad y, en consecuencia, defiende un estilo afectivo sano que sea inmune al apego.

La réplica de Sue Johnson es contundente, el apego adulto se fortalece en los momentos clave que surgen de la conexión originada en las necesidades emocionales: si el otro sintoniza, se abre y reacciona a tu necesidad emocional entonces se establece una conexión profunda y duradera entre los dos.

En terapia observamos, habitualmente, relaciones en que uno o ambos miembros deciden continuar con su pareja, a pesar de estar sufriendo, porque no soportan la pérdida, la soledad o el abandono. Se establece, como objetivo terapéutico, que la persona no someta sus necesidades individuales a las de su pareja. Pero lo que Johnson y Brown defienden, es, desde mi punto de vista, que las necesidades mutuas, las de apego o vínculo emocional, van por delante de las necesidades individuales. Sentir que el otro te comprende, que ha conectado contigo, da verdadero sentido al hecho de estar juntos.

M. F.