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Los divorcios están en crisis

In Divorcio on 5 noviembre, 2012 at 17:39

Este septiembre se publicaron las estadísticas sobre separaciones, divorcios y nulidades en España del año 2011. La gran pregunta es si la crisis ha provocado una caída en los divorcios, teniendo en cuenta que se espera que dos de cada tres matrimonios se acaben separando. En 2011, las separaciones han descendido un 4,6%; los divorcios han aumentado un 0,7%, y las nulidades han bajado un 5,7%. Entre unas y otras, las disoluciones matrimoniales han crecido apenas un 0,3% de un año para otro.

Las razones por las que las parejas no se separan cuando el dinero escasea son diversas: mantener dos hogares, perder el contacto diario con los hijos, tener que volver a casa de los padres, entrar de nuevo en el mercado… Todo es muy caro.

Quizá por eso, la edad donde se producen más separaciones y divorcios está entre los 40 y 49 años. En esta edad, habitualmente, existe más estabilidad económica, los hijos son un poco más mayores y el matrimonio ha tenido tiempo para no satisfacer a uno o a los dos miembros de la pareja.

Algunos datos interesantes son: normalmente es la mujer la que da el primer paso, en el 48% de los casos la demanda fue presentada por ambos cónyuges, en el 32% por la esposa y en el 18% por el marido. La edad media de las mujeres en el momento de la disolución es de 42 años, mientras que en los hombres es de 44. Sin embargo, del total de divorcios en el 2011, casi el 14% fueron hombres de entre 50 y 59 años que se divorciaron después de un matrimonio de 20 años o más.

Tomar la decisión de separarse o divorciarse es muy difícil. Siempre causa sufrimiento a las dos partes, no importa quien haya tomado la decisión. Una vez me explicaron que el divorcio se puede vivir como un drama o como una tragedia. En el drama, el final es más amable y los conflictos y dificultades surgen de las decisiones que toman los protagonistas. En la tragedia, subsiste un final demoledor, absolutamente destructivo, que se achaca a una poderosa fuerza externa a los protagonistas.

En una separación siempre vamos a ver la peor cara de nuestra pareja. Aquella persona amable, que más o menos convivía con nosotros, se convierte, fruto de la ruptura, en un monstruo que sólo mira por sus intereses. Decía Alberoni, que la única forma de acabar con una relación consiste en dejarla en ruinas. Sólo así se puede empezar de nuevo con otra persona. Existen innumerables vínculos creados a lo largo de los años, por esa razón, destruir, es la única fórmula eficaz para disolver un matrimonio.

Nada hace que el divorcio sea menos doloroso pero existen algunos atenuantes: utilizar la comunicación para resolver discrepancias no para emitir mensajes ambiguos o para herir al otro; acudir a un terapeuta para suavizar los conflictos; y omitir los detalles si existe una tercera persona.

La paradoja: el matrimonio no es para siempre pero el divorcio sí.

M. F.

Divorcio … ¿necesidad o capricho?

In Divorcio on 21 noviembre, 2011 at 22:29

Hace unas semanas, una clienta, casada, me comentó en la consulta que ya no quería seguir al lado de su marido y, después, me preguntó ¿quiero separarme por egoísmo o realmente no debemos continuar con nuestra relación?.

Viajar, comer, desplazarse, trabajar y reproducirse, son actividades que una mujer, sin pareja estable, puede hacer sin demasiado problema. Existen grupos de “singles” que comparten actividades de ocio. En el supermercado, los envases familiares conviven con los de una sola ración. Sin embargo, separarse nunca es un capricho. Conlleva mucho valor, es un gran paso que se da, únicamente, cuando los beneficios superan a las consecuencias negativas.

La consecuencia más negativa de romper una relación, la que produce más miedo, suele ser la soledad que conlleva la pérdida del vínculo. A nadie le gusta sentir que está sola, a no ser que sea su elección. Sin embargo, cada vez más mujeres optan por la soledad como una alternativa de vida aceptable e, incluso, deseable.

¿Estamos copiando un modelo masculino?. Un hombre que vive solo, sin ataduras, comprometido con su trabajo y complaciente con sus muchas conquistas, evoca una imagen de libertad que quizás algunas mujeres han anhelado. Sin embargo, sospecho que la mayoría de las mujeres quiere compartir su intimidad con un compañero. Alguien que la haga crecer, que le aporte estabilidad, respeto y cariño.

Desde la psicología apostamos por establecer momentos de soledad. La soledad puede convertirse en un espacio de descubrimiento y de creatividad. Un escenario donde conectar con partes de ti que ni sabías que existían. En consecuencia, la soledad, bien llevada, puede llegar a ser un espacio terapéutico en el que producir los cambios que te conducirán a vivir tu propia vida, compartida o no. Eso lo decidirás tú. Y no será por un capricho.

M.F.