Figueras Bofill Pi Psicòlogues

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¿Las parejas felices existen?

In Felicidad on 24 abril, 2013 at 16:13

Sería maravilloso querer a nuestra pareja sin que hicieran falta los detalles románticos o afectivos, por ejemplo, cuando nos regala un libro que nos va a gustar o cuando nos compra chocolate por San Valentín. Sin embargo, esas pequeñas expresiones de amor hacen que una pareja sea feliz.

No substituyen a la confianza, la atracción física o la sinceridad, características imprescindibles para que una pareja pueda construir una relación fuerte, pero no le restemos valor al chocolate, a las flores o a esas joyas que rememoran un acontecimiento feliz. Y para ellos, un juguete tecnológico último modelo, una cerveza fría mientras su equipo gana un partido importante y algo picante e íntimo para después del partido.

Las parejas felices se esfuerzan cada día para sorprender y estar a la altura de las expectativas del otro y lo hacen practicando con frecuencia las siguientes seis prescripciones:

1) Hablar, hablar y jugar

No es lo mismo compaginar dos agendas que saber qué piensa y siente el otro sobre la vida, el futuro, sus miedos… Se necesita un espacio libre de obligaciones y responsabilidades, con tiempo por delante para relajarse. Un espacio en el que no haga falta tomar decisiones, únicamente divertirse con la pareja. Una solución para las parejas reticentes sería encontrar un día a la semana para sentarse a jugar a un juego de mesa. De esta forma la pareja se divierte mientras se centran exclusivamente el uno en el otro.

2) Dedicarle un tiempo solo para adultos a la pareja

Salir una noche para ir al cine o al teatro, ponerse elegante y anticipar la emoción de pasar un buen rato juntos es imprescindible para las parejas con hijos. Enviarse mensajes durante el día con frases que alimenten la imaginación de lo que ocurrirá al llegar la noche. Hacer una foto de un momento especial donde tu pareja no está y enviárselo al móvil con un comentario que acabe con un “te echo de menos”. Estos son algunos ejemplos para romper con la rutina.

3) Si tenéis que discutir, hacedlo bien

Las peleas en una pareja no son malas, al contrario, sirven para ajustar las dos individualidades en un proyecto común. Eso sí, han de ser útiles para resolver conflictos, no para incrementarlos. Existen unas reglas básicas para una buena pelea. Escuchar el punto de vista del otro, expresar malestar por una conducta desafortunada no por la manera de ser del otro, ceder siempre aunque sea un poco y finalmente, discutir sin público.

4) No solo sexo

Sin duda, el sexo te conecta con tu pareja y fortalece la relación. Es un elemento que favorece una profunda comunicación emocional entre dos personas. Pero el sexo no es el único ingrediente para fomentar la intimidad. Las caricias, los besos, los abrazos, los masajes, las miradas de complicidad son importantes para subrayar el afecto compartido. Sentirse querido produce mayor bienestar que tener una relación sexual.

5) Dar las gracias

Demasiadas veces damos por hecho que como nuestra pareja nos quiere, todo lo que hace por amor lo hace sin que le suponga un esfuerzo. Así que nos olvidamos de darle las gracias. Remediemos eso agradeciendo los pequeños detalles que tiene con nosotros. Si nos cuesta decírselo directamente, le podemos dejar una nota en la almohada o frente a su ordenador. O enviarle un mensaje de agradecimiento por lo buena que estaba la cena anoche

6) Convertir la relación en un tema de conversación

Hablar sobre la propia relación permite conocer mejor las necesidades y los deseos de la persona a la que quieres. Saber cuáles son sus expectativas te permite introducir pequeñas dosis de realidad sin generar excesivos conflictos. Compartir la angustia por la llegada de un nuevo miembro en la familia, o la incertidumbre por si le despedirán en el trabajo, incrementa el sentimiento de apoyo en la pareja.

Las parejas felices existen y vosotros también podéis serlo. Solo se necesita un poco de esfuerzo conjunto para salir de la rutina, de la pasividad y pasar a la acción. Es un viaje muy personal porque seréis vosotros los que encontréis el coraje, la fuerza y la energía que os motive a cambiar todo aquello que no os gusta de vuestra relación.

M. F.

La paradoja del declive de la felicidad femenina

In Felicidad on 29 octubre, 2012 at 15:51

Este sugerente título corresponde a un trabajo de Betsey Stevenson y Justin Wolfers del 2008, en el que miden el bienestar subjetivo de las mujeres de Estados Unidos durante 35 años. Su paradoja es la siguiente: en las últimas décadas, las mujeres han logrado alcanzar la mayoría de sus objetivos y, sin embargo, su bienestar subjetivo ha disminuido notablemente.

El bienestar subjetivo es una medida psicológica que evalúa globalmente la calidad de vida de un individuo según sus propios criterios. Mayor bienestar implica: mayor control personal, tener un propósito en la vida, mayor autoestima, mejor gestión del estrés y mayor afiliación social. Una mayor satisfacción vital significa que se disfruta de las relaciones, del ocio, del trabajo y de uno mismo, aunque la realidad no siempre se ajuste a las expectativas previas porque, la persona satisfecha, se siente capaz de afrontar las dificultades, vengan de donde vengan. Además, le saca más partido a los momentos buenos, ya que maximiza los acontecimientos positivos a la vez que minimiza los negativos.

Así, en las últimas décadas la mujer ha logrado notables mejoras en varias dimensiones del bienestar como la satisfacción laboral, la situación financiera, la satisfacción marital y la salud. En la actualidad, las mujeres creen que sus vidas son mejores, que su estatus ha aumentado y que tienen tantas o más oportunidades de tener éxito que los hombres. En este trabajo, puntúan igual las solteras y las casadas; las que son madres y las que no;  las que tienen un estatus laboral alto; y las que tienen un elevado nivel de estudios. Y sin embargo, las mujeres no son felices, o son menos felices que hace 30 años y sobretodo, son menos felices que los hombres.

¿Por qué?. Bueno, los autores proponen varias explicaciones relacionadas con las macro tendencias socio-económicas: por la disminución de la cohesión social y el aumento de la ansiedad y de la depresión; que ahora la mujer sería más sincera respecto a su nivel real de felicidad; que el incremento de las oportunidades para las mujeres ha incrementado, a su vez, la exigencia de la mujer respecto a su felicidad; o simplemente, que los logros alcanzados por las mujeres suponen excesivas presiones de la vida moderna con un alto coste en su felicidad. Y ahí está la paradoja.

En terapia, las consultas sobre los problemas de pareja han aumentado. A ambos miembros de la pareja les preocupa que nunca están de acuerdo, ni en la educación de los hijos, ni en la relación con las familias de origen, ni en el tiempo que pasan juntos, ni en la manera de comunicarse… No suelen quejarse del tiempo de ocio, cuando la pareja está con amigos o cuando pasan tiempo a solas fuera de casa.

Las parejas, en consulta, aprenden a negociar de nuevo las reglas de convivencia. Cada nuevo acontecimiento, interno o externo, por ejemplo, la llegada de un hijo o la pérdida de trabajo, provoca cambios en la relación, cambios inherentes que obligan a potenciar algunas actitudes y a minimizar otras. Es decir, a re-negociar los acuerdos. Así es como las buenas relaciones perduran en el tiempo y aportan felicidad tanto a hombres como a mujeres .

M. F.

Cómo aportar valor añadido a la relación de pareja

In Felicidad on 1 octubre, 2012 at 19:15

Cuando interactuamos con otros no les mostramos todo nuestro repertorio de conductas, hay una parte, la más secreta, la que se desarrolla entre bambalinas, que tiene un acceso de público muy limitado. Curiosamente, de la parte que sí dejamos ver, los observadores captan matices que a nosotros se nos escapan. Forma parte de lo que nos conecta emocionalmente con los demás y, a su vez, nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.

Lo peor que le puede pasar a la pareja es que uno ya no se vea reflejado en el otro. La pareja actúa como un espejo de nuestra conducta, de nuestra manera de ser y, al ser un espacio de intimidad, también refleja nuestra verdadera naturaleza. La alegría o la decepción en la cara de la pareja dice mucho de quien somos en realidad. Si el otro no nos refleja con exactitud o si distorsiona la imagen que nos devuelve por un propósito egoísta (por ejemplo, nos devalúa para proteger su ego), entonces, la relación de pareja se deteriora inevitablemente.

De las tres fuentes más bebidas de la felicidad –amor, dinero y salud–  sólo el amor tiene el potencial de mantener la felicidad a largo plazo. ¿Cómo? descubriendo capacidades que uno no valora o no detecta en sí mismo y que son percibidas, estimas y expresadas por los demás.  Por eso, la pareja proporciona una atmósfera reparadora de los impactos externos. Te contagia de la fuerza para soportar los altibajos de la vida.

Si te apetece darle valor añadido a tu relación, es decir, enfocar tus acciones para aportarle más a tu pareja, sé un espejo de todas aquellas cualidades que tú percibes en él y que él no acaba de estar seguro de poseer. Comentarios del tipo: “me encanta que cuando llegas a casa, lo primero que hagas sea preguntarme cómo estoy, esto demuestra que eres una persona que te preocupas por los demás”, o del tipo: “eres una persona generosa porque siempre encuentras un motivo para dar lo mejor de ti a los demás”, facilitarán la conexión entre la pareja. Y es en esa conexión donde se revela la felicidad.

M. F.

Ser feliz aunque no puedas irte de vacaciones

In Felicidad on 16 julio, 2012 at 10:08

Si este verano te has quedado sin presupuesto para unas vacaciones de ensueño, puedes aprovechar para disfrutar de los pequeños placeres que tengas a mano. De paso, estarás desarrollando sentimientos positivos de satisfacción y placer que te acercarán a lo que los psicólogos llamamos bienestar percibido y que, en la calle, lo llaman felicidad.

Una de las teorías más interesantes sobre la felicidad preconiza que la felicidad resulta del sumatorio de muchos momentos satisfactorios de baja intensidad. Es lo que llaman teoría Botton up (de abajo hacia arriba). Esta perspectiva de la felicidad  tiene en cuenta la capacidad para evaluar  los factores externos que inciden en las necesidades internas. Por ejemplo, numerosos estudios muestran que los vínculos personales cercanos (amigos, pareja, familia, hijos) son la fuente de mayor satisfacción para las personas.

Así, si la satisfacción depende de la manera individual en que evaluamos lo que tenemos o lo que queremos conseguir, para que funcione a un nivel óptimo, debemos evaluar positivamente lo que nos rodea. Afortunadamente disponemos de dos estrategias muy eficaces para convertir lo mediocre en excelente: la imaginación y la reinterpretación.

La imaginación: te preparas un baño, enciendes un par de velas, te sirves una copa de vino, algo de jazz y te sumerges en “la piscina de agua caliente de un hotel de cinco estrellas con vistas a una playa de arena blanca surtida de palmeras meciéndose bajo una leva brisa”.

La reinterpretación: sigues en la bañera y piensas “que suerte tengo de estar aquí, en este momento, disfrutando de no hacer nada mientras otras personas están pasando calor en una playa tropical, llena de mosquitos gigantes, o haciendo colas interminables en la recepción de un hotel que no reconocen de las fotos que vieron en el catálogo de la agencia de viajes”.

En ningún caso se trata de huir de la realidad, sino de destacar las características positivas de la actividad que estás realizando, incluso de sacarle el máximo partido a lo que estés haciendo para disfrutar más intensamente de tus momentos de placer.

Más ejemplos susceptibles de reinterpretación: ir a una biblioteca para surtirte de películas que verás a oscuras mientras comes palomitas caseras;  decorar la terraza (es posible que hasta ahora no fuera más que un patio interior) con hileras de luces de colores, una tumbona y un par de plantas de considerable tamaño; volver a la biblioteca a por una novela con la que pasarás el día en la playa más cercana con tu nevera de picnic, una sombrilla, una silla y tu música favorita… y lo dicho, si te dejas acompañar en la aventura, la satisfacción se multiplica!

M. F.

¿Podemos ser felices?

In Felicidad on 19 marzo, 2012 at 18:10
    Si nos dan a elegir, preferimos ser felices, ocurre simplemente que, a veces, no sabemos cómo. Quizá la pregunta clave sería ¿qué es la felicidad?, ¿es una palabra grandilocuente que promete más de lo que ofrece?, ¿o se trata de un concepto amplio donde caben todas las felicidades posibles?.

    Hay que hacer un gran esfuerzo para ser felices. Debemos enfrontar nuestras metas en la vida manteniendo, en todo momento, una actitud positiva. Las personas que han aprendido a tener una actitud positiva frente a las dificultades, están desarrollando, a la vez, otras características relevantes para el éxito personal. Tienen más tolerancia a la frustración. Mantienen un equilibro entre la percepción real y la percepción ideal de uno mismo. Muestran una gran capacidad para organizar sus objetivos de manera que sean realizables, es decir, concretos, asequibles y realistas. Y además, manifiestan un cierto desapego en el terreno de lo material.

    Se puede ser feliz si encuentras, en tu entorno, un momento al día en el que te sientas satisfecho (con la pareja, en el trabajo, en la salud). Si vas acumulando esos instantes en un lugar accesible de tu memoria, llegará un día en que rebosarás felicidad. Esta capacidad de almacenar experiencias positivas no viene “de fábrica”. Tenemos que desarrollar esta habilidad, domesticando la duración y la extensión de nuestros sentimientos negativos.

    Los sentimientos negativos actúan en nuestro cerebro como una adicción, creando una ilusión de permanencia. No es el caso de las emociones positivas que son intensas pero breves. Veamos un ejemplo. Nos cuentan un chiste, nos reímos y a los pocos minutos ya estamos pensando en que al día siguiente hay que madrugar o en el informe que tenemos que presentar. En cambio, si alguien nos critica, vamos a darle vueltas durante horas sintiéndonos fatal.

    Simplemente, reconociendo un momento de felicidad al día, guardándolo en la memoria y sumándolo al momento del día anterior, podemos combatir el exceso de malestar que nos genera infelicidad.

    M. F.