Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Archive for the ‘Optimismo’ Category

Heramientas personales para afrontar las crisis

In Optimismo on 21 mayo, 2013 at 11:05

Las personas nos relacionamos con el mundo según nos predisponen nuestras categorías lingüísticas. Os lo explico con un ejemplo. J. F. Kennedy, en 1959, dijo por primera vez que la palabra “crisis” en chino está compuesta de dos caracteres, uno que significa peligro y el otro que significa oportunidad. Parece que eso es falso. El primer carácter chino (mandarín) significa “peligro” pero el segundo tiene tres posibles significados: “máquina”, “mesa” y “momento”. En este último sentido, el ideograma chino “crisis” se traduciría por “momento de peligro”.

Lo interesante es que la palabra occidental “crisis” significa algo que se rompe, como un punto de inflexión. Es una palabra latina adoptada del verbo griego (krisis) procedente, a su vez, del verbo (krinein) que significa “separar” o “decidir”. Así, una de las acepciones griegas del término es la de “elección” o “juicio”, como un cruce de caminos. Por tanto, nuestra definición de crisis está más abierta a una interpretación positiva que la definición china y, sin embargo, la conceptualizamos culturalmente como una situación grave que provocará un colapso absoluto.

Aimée Mullins, una mujer que nació sin piernas y que ha sido oro paralímpico, modelo, actriz y empleada del Pentágono, es un ejemplo extraordinario de superación personal. Ella analiza la conceptualización de la palabra “adversidad” y elimina su connotación negativa afirmando “La adversidad es solo un cambio al que todavía no nos hemos adaptado”.

En este sentido, para mi, la crisis, cualquier crisis, económica, de pareja, existencial, de valores, medioambiental, es “solo un cambio al que todavía no nos hemos adaptado”. Adaptarse significa acomodarse a las condiciones del entorno. Según mi opinión, para acomodarse necesitamos sentir que podemos minimizar las amenazas, que tenemos parte del control en lo que nos ocurre. Cuando los cambios externos son muy intensos, el uso de las habilidades personales para gestionar esos cambios nos convierten en personas extraordinarias.

Afortunadamente la biología nos dotó de herramientas personales para gestionar los cambios de nuestro entorno. Generar vínculos positivos con los otros, confiar en nuestra capacidad para seguir adelante, aprender a fracasar, potenciar la creatividad y el optimismo, dar valor a las pequeñas cosas, motivarnos internamente, darle un sentido a la vida, ayudar a los demás y aprender a no dejarnos llevar por nuestras emociones negativas, son cualidades humanas a nuestro alcance para lidiar con los momentos de crisis.

En toda crisis existe la posibilidad de tomar la decisión que te llevará a vivir una vida plena (según la concepción occidental). Quien sabe, quizá a partir de ahora, los chinos utilicen nuestra definición de crisis en sus discursos motivacionales.

M. F.

5 razones para ser optimista

In Optimismo on 14 mayo, 2013 at 14:01

La psicóloga Suzanne Segerstrom ha encontrado que cada vez que el optimismo de una persona aumenta en un punto (en una escala de cinco puntos), la respuesta de su sistema inmunitario mejora en un 20%. Yo voy a daros 5 claves para ser más optimista.

Espíritu joven

Uno de los momentos más difíciles en la vida es cuando tienes veintipocos y  todo por hacer. No tienes empleo, ni confianza en ti mismo, no sabes cuál es tu talento, puede que no tengas pareja estable, y ni siquiera sabes si tendrás que dejar todo lo que conoces para ir a trabajar fuera. Pero eres optimista. Puedes verte a ti mismo en un futuro próximo logrando todo lo que anhelas. Con esfuerzo, asumiendo que el camino será duro, recibiendo el ánimo de los demás. ¿A qué edad nos deshacemos de la ilusión para afrontar el futuro con optimismo?

Todo cambia en un instante

Hay un antes y un después, un punto de inflexión, un comentario, un gesto, una convicción, que transforma nuestra vida y nos impide seguir creyendo en lo que para nosotros eran verdaderas certezas hasta ese momento. Estoy embarazada… me han despedido… ya no te quiero…. tienes cáncer… Construimos una ilusión, reducimos la incertidumbre diseñando un modelo de vida donde la estabilidad es máxima y los riesgos son mínimos. Y en un minuto, desaparece. Ser optimistas nos permite creer que el próximo instante de cambio nos acercará a nuestros objetivos. No sabemos cuando ocurrirá, deseamos que sea más pronto que tarde, pero estamos preparados para que llegue.

Nadie va a responsabilizarse de nuestra vida

Si esperamos que por inercia vengan tiempos mejores, perderemos la oportunidad de tomar el control de nuestra propia vida. Estamos convencidos de que tendremos tiempo más adelante para vivir de otra manera: cuando me jubile, cuando los hijos se vayan de casa, cuando me asciendan, cuando mejore mi estado de ánimo… Y cuando el minuto de cambio llega, aún nos esforzamos para mantener nuestro modelo tan inalterable como sea posible para fingir que los cambios no han ocurrido. El optimista llora sus pérdidas, acepta el cambio y se dispone de nuevo a ser el protagonista de su propia vida.

Las pequeñas cosas cuentan

Por cada hora que dedicamos a preocuparnos por un error, una mala decisión, un resultado inesperado, no le dedicamos ni siquiera un minuto a disfrutar de todo lo bueno que nos ha ocurrido hoy. Me apropio de algunos ejemplos de Neil Pasricha: andar más rápido que un coche cuando hay tráfico, secarte las manos en los pantalones, abrir y aspirar el olor de un bote de pelotas de tenis, encontrar dinero en el bolsillo de una chaqueta que colgaste en el armario el invierno anterior, coger una q al mismo tiempo que una u en el Scrabble…

Encontrar un nuevo nivel de aceptación

Reconstruir tu vida es el proyecto mas creativo, más estimulante, más terrorífico y más satisfactorio que uno pueda hacer. Dura toda una vida, porque una vez que lo has conseguido, te acompaña para siempre, en todas las decisiones que tomas, en todas las conversaciones que tienes, en todas los momentos buenos y malos, que vives a partir de ahí.

M. F.

Optimistas, realistas y pesimistas ¿de que tipo eres tú?

In Optimismo on 11 marzo, 2013 at 10:45

El optimismo es una actitud, es decir, un conjunto de pensamientos, sentimientos y conductas orientadas en una misma dirección que nos identifica y nos define. Optimista se es aunque no siempre se esté. Principalmente, el optimista se focaliza en los aspectos positivos del entorno, confía en sus capacidades para alcanzar sus propósitos y la mayor parte del tiempo, se siente satisfecho con quien es y con lo que tiene (aunque no se conforma).

En la otra cara de la moneda está el pesimista. Aquel a quien Mingote definió como “un optimista bien informado”. El pesimista juzga a su entorno y a los demás de la manera más desfavorable posible y está preparado para todas las desgracias que puedan ocurrir. Suele ser supersticioso (cree en la mala suerte), es muy consciente del sufrimiento humano y se auto-define como realista pero… ¿es cierto que podemos ser realistas?.

Parece que no mucho. La evidencia neuropsicológica cuestiona la capacidad de las personas para ser realistas. Nuestro cerebro interpreta los hechos mediante una gran cantidad de filtros que hemos ido elaborando a lo largo de nuestra experiencia. Por ello, decimos que el cerebro construye la realidad. Frente a la incertidumbre y la ambigüedad de nuestro entorno, nuestro sistema cognitivo identifica certezas donde solo había probabilidades.

En consecuencia, podemos elegir entre dos actitudes: optimista o pesimista. Y de momento, el optimismo va ganando la partida: pensamiento positivo, psicología positiva, consigue el éxito, sé feliz… Aunque empiezan a oírse algunas voces críticas hacia los mensajes exageradamente positivos. Por ejemplo, David Collinson ha acuñado el término Liderazgo Prozac para definir la manera como algunos líderes (políticos, empresarios, religiosos…) hacen un uso incoherente de mensajes positivos frente a realidades no tan positivas. Sería el caso de un directivo que proclama en tono eufórico: “no me traigas problemas, tráeme soluciones”.

En una situación como esa, los trabajadores, por miedo a perder su trabajo o a parecer incompetentes, no se atreven a comunicar a sus superiores los contratiempos que van apareciendo, con lo cual, frente a una comunicación deficiente, el trabajador se encuentra muchas veces sin el apoyo que realmente necesita (y que no tenía nada que ver con un mensaje positivo del tipo: we can!).

Así que para que el optimismo sea eficaz, no debería usarse como un mecanismo de defensa que niega las dificultades, ni debería ser la base por la que nos mostramos incoherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Existe un optimismo sano, un poco irracional, cierto, que nos anima a buscar soluciones y a aceptar los cambios. Y frente a este, existe el pesimismo, un poco irracional también, que nos tiene todo el día esperando a que algo, lo que sea, vaya mal para decir: “ves, te lo dije”.

M. F.