Figueras Bofill Pi Psicòlogues

Archive for the ‘Psicología’ Category

Las comparaciones son odiosas

In Psicología on 21 enero, 2013 at 10:16

Mientras crecíamos, nuestros padres, nuestros profesores, e incluso, nuestros amigos, nos comparaban con otras personas para dejar claro qué les gustaba o disgustaba de nuestro comportamiento. Más adelante, hemos sido comparados por nuestro jefe, nuestra pareja e, incluso, por nuestros propios hijos. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez con la siguiente afirmación: “¡eres la mejor madre del mundo!”?.

La comparación es un mecanismo cognitivo básico para el aprendizaje. Nos permite establecer relaciones y clasificar datos mediante un criterio, en base a la semejanza o la diferencia. Por ejemplo, ante dos objetos con cuatro patas, una base plana y un respaldo, si a ambos los llamamos silla, nos ahorramos tener que usar una palabra diferente para cada objeto. Sin embargo, frente a otra persona, solemos identificar las diferencias para re-ajustar nuestra posición social en la dimensión éxito-fracaso bajo la que estructuramos nuestra autoestima, en el mejor de los casos, o nuestra identidad, en el peor.

Cuando nuestra identidad está en juego, compararnos con aquellos que creemos que son o tienen más que nosotros puede generarnos desajustes emocionales. Las distorsiones cognitivas, errores de pensamiento que suscitan malestar, desempeñan un papel clave en este proceso inadecuado de comparativas. Por ejemplo, “si todo el mundo es feliz con su pareja ¿por qué yo no lo soy?”; o “no encuentro trabajo porque soy demasiado mayor” “¡o demasiado joven!”. Aquí, la lógica induce a concluir que no todo el mundo es feliz si existen excepciones ¿verdad?.

¿Y cuando las comparaciones sociales influyen en nuestra autoestima?. En este caso, si compararnos con alguien más joven, más mayor, más atractivo, más rico, con más habilidades… sirve para inducirnos a hacer cambios en nuestra actitud o sirve para emocionarnos (hacer un movimiento), entonces, la comparación ha cumplido con su cometido más encomiable. No obstante, cuando en la comparación, no sólo salimos perdiendo, sino que nos produce la impresión de ser una sentencia inamovible, un veredicto de perpetuidad, entonces, o lo aceptamos y nos sentimos poco valiosos, o no lo aceptamos y nos sentimos frustrados. No existe ninguna ventaja. Y aún así, lo hacemos constantemente.

La solución si vamos a compararnos: ser selectivo a la hora de escoger con quién y con qué nos comparamos; compararnos únicamente para motivarnos a ser mejores; y ser lo más objetivo posible cuando deseemos lo que otro tiene, debemmos pensar más en el proceso que ha realizado para lograrlo que en resultado final.

M. F.

Similitudes entre el amor y la enfermedad mental

In Psicología on 29 noviembre, 2012 at 13:14

En nuestra sociedad, con demasiada frecuencia, consideramos el hecho de “enloquecer” de amor como un indicador significativo de la autenticidad, honestidad y profundidad de nuestro amor. Nadie espera que el amor sea racional, al contrario, esperamos que sea irresistible, avasallador e impredecible. Deseamos que “nos vuelva locos”.

El enamoramiento, el amor apasionado, generalmente se describe como un estado de intenso anhelo hacia el otro. Cuando es recíproco, el amor apasionado se asocia con la alegría, la euforia y el éxtasis; sin embargo, esos sentimientos conviven con oscuras emociones como la ansiedad, los celos y la tristeza. Por tanto, es difícil experimentar un amor apasionado sin la presencia de algún grado de dolor psicológico. En su variante más vulnerable, estar enfermo de amor implica la manifestación de componentes patológicos como, la obsesión, la idealización irracional, la inestabilidad emocional o la dependencia emocional. Cuando el enamoramiento no es correspondido (o se frustra), se genera una sensación de vacío e, incluso, de desesperación.

La similitud entre el “mal de amores” y cierto tipo de enfermedad mental ya fue descrito por el médico iraní de siglo X, Ibn Sena (conocido en occidente como Avicena), el cual identificó la obsesión como el principal síntoma y como la causa del mal de amores. Es interesante que se haya llegado a conclusiones similares a partir de los últimos descubrimientos científicos. Por ejemplo, la psiquiatra italiana Donatella Marazziti encontró que cuando la gente se enamora, sus niveles de serotonina disminuyen a los nivelesde los pacientes con TOC (trastorno obsesivo compulsivo).

Otra investigación, capitaneada por Helen Fisher, célebre por su trabajo sobre la química del amor, muestra que al enamorarse se activan las rutas de la dopamina en los circuitos del placer: el amor, como una droga, provoca adicción, anhelo y abstinencia.

Algunas personas se sienten desbordadas cuando se enamoran, hasta el punto de buscar ayuda terapéutica porque no pueden afrontar la intensidad del amor, se desestabilizan cuando se enamoran o sufren debido a que su amor no es correspondido (una consecuencia de ello podrían ser los intentos de suicidio, coincidencia notable con la idea del drama griego de que el amor puede ser fatal).

Existe otra coincidencia entre los métodos de tratamiento preferidos por Ibn Sina -de mil años de antigüedad- y la contemporánea terapia cognitivo-conductual. Ya que el síntoma principal del mal de amores es la obsesión con el amado, Ibn Sina sugería que el melancólico enamorado podría beneficiarse de las distracciones. Esto podía lograrlo implicándose en tareas muy demandantes (él pone como ejemplo ir a cazar) o en actividades intelectuales (para este médico, sería participar en disputas o peleas).

Este consejo parece perfectamente razonable. En la actualidad, entendemos las obsesiones como auto-perpetuaciones en forma de círculo vicioso. Por eso, cualquier tarea que pueda interrumpir el proceso obsesivo es potencialmente saludable. Es posible, además, que distraerse con actividades intelectuales pueda conferir una ventaja secundaria, es decir, el paciente ejercita la facultad del raciocinio: la facultad más anulada por la locura del amor.

Otro síntoma del mal de amores es la idealización del amado. Esta idealización en la que no se perciben los defectos del otro podría entenderse como la presencia de un sesgo de procesamiento positivo. Este sesgo, reclutaría funciones como la memoria y la atención dirigiéndolas exclusivamente hacia los aspectos positivos del ser amado. Cuestionando la imagen idealizada, se debilitaría uno de los síntomas más significativos que sostienen la locura del enamorado.

Así, en una sociedad impregnada de literatura romántica, unas creencias rígidas sobre el concepto del amor, unas expectativas irreales sobre las relaciones de pareja más un cerebro que se obsesiona e idealiza al ser amado, las personas acabamos “locas de amor”.

M. F.

Carta a los alumnos de psicología

In Psicología on 14 mayo, 2012 at 16:12

 Al finalizar una clase en la facultad de psicología, tuve el inmenso placer de improvisar una charla sobre motivación y sentido. Mis alumnos me preguntaron ¿de qué sirve la carrera?; ¿qué hago cuando termine?; ¿cómo se atiende a un cliente?; ¿cómo puedo ser un buen psicólogo?; ¿cómo saber lo que quiero hacer?… y muchas más. Así que os escribo esta carta para decir lo que no tuve ocasión o para confirmar algunas de las ideas que, creo, os transmití.

 La psicología está o no está, se vive o no se vive, en o desde las entrañas. Somos psicólogos todas las horas del día. No podemos evitarlo y, a pesar del poco reconocimiento, o de las miradas de recelo de nuestros conocidos, nos encanta. La carrera os da las claves para acceder al conocimiento, el título, sirve para que los demás sepan lo que ya intuís en vuestro interior, tenéis vocación de entrega, de ayuda, de cambio.

 Todo sigue un orden, primero estudiáis un grado, luego un postgrado o un máster y después entráis en el mundo laboral. Es cierto, vuestras perspectivas, ahora, os parecen escasas. Pero tenemos que dejar de pedir y empezar a crear oportunidades. De momento, ir a clase, impregnaros de ideas, soñad despiertos (con vuestro futuro), conectad con la gente (la de las entrañas), practicad (con vuestros allegados). Formaros para ser competitivos en el mundo laboral pero no entre vosotros. Sois la nueva generación. Tenemos muchas esperanzas puestas en vosotros.

 Ponerse delante de un cliente es un acto de responsabilidad enorme. Nunca es fácil. Muchos desconfían de nuestras técnicas, no quieren cambiar, sienten terror a que demostremos que “están mal de la cabeza”. Id a terapia, ¿cómo vais a saber cómo se siente un paciente si no tenéis la humildad de sentirlo primero vosotros?. Tenemos que re-definir nuestro papel en la sociedad. Si nuestra función es la de acompañar en los momentos de dificultad, la de recuperar activamente los recursos olvidados de las personas que nos consultan, ¿por qué este mensaje no ha llegado a sus oídos?. Esta es vuestra misión, la que deseo compartir con vosotros. Juntos, debemos ser capaces de crear un mundo mejor.

 Por mi parte, pienso aprovechar los efectos colaterales de la crisis para acercar la psicología a la cotidianidad de las personas. Debemos perder el miedo a dejarnos ver. Nos entrenan para potenciar lo bueno de la naturaleza humana, no aceptemos menos. El cambio es inminente, no seamos un síntoma de resistencia, hagamos nuestro el futuro. Este es nuestro reto.

M. F.